EDUARDO TÉBAR
Hace poco, cierta estrella del rock español le comentaba al arriba firmante que no existe una música tan intensa como el flamenco. "Quien entra en él, ya no regresa", me explicaba el converso. Y quien avisa no es traidor. Las seis décadas de pasión que este año cumple la Peña La Platería bien confirman la premonición. Culto, respeto y devoción al duende. Decana en el mundo, la agrupación granadina representa para el gremio la verdadera catedral del cante jondo. Un espacio mágico que conserva el código genético del género cíngaro. El lugar donde la tradición respira y se expande.
Pero, ojo, La Platería se desmarca de las salas convencionales. Tiene más de trescientos socios y hay lista de espera para afiliarse. Sólo sus peñistas pueden acceder a las grandes veladas de los sábados. Con suerte, si queda sitio libre, accederá gente de la calle. Y los jueves, el día de puertas abiertas al público, registra llenos apretados. Desde guiris que deambulan por la ciudad hasta jóvenes curiosos atraídos por la posibilidad de degustar las entrañas de una soleá, una seguirilla o unos tientos. Cada espectáculo acoge a una media de cien espectadores. La emoción pellizca a la multitud en la noche albaicinera.
"Somos como el Ave Fénix: hemos resurgido de nuestras cenizas en distintas ocasiones", sonríe Miguel Clavero, presidente de La Platería desde hace dos años. "Es una peña privada, sin subvenciones de ningún tipo", matiza el responsable. "Los jueves nos visitan personas que vienen a presenciar flamenco de nivel y con rigor. Así también facilitamos el trabajo a la gente joven de Granada que lleva poco tiempo y quiere labrarse un currículum".
Uno de esos soñadores en ciernes fue Juan Pinilla, estandarte actual del flamenco después de ganar la Lámpara Minera en el prestigioso certamen de La Unión. "La Peña La Platería ha sido siempre un nombre idealizado en mi conciencia flamenca desde que vivía en mi pueblo. Cuando estudiaba en Granada y quería entrar, el portero me ponía reticencias. Decía que sólo era para los socios. Después fui haciendo contactos, me apunté a los cursos y conferencias, y llegué a la junta directiva".
Pureza. El cantaor de Huétor Tájar, columnista de La Opinión, se sobrecoge al tomar conciencia de la historia del local. "A los artistas les tiemblan los pies cuando llegan. La Platería defiende la honestidad y la verdad del flamenco, sin querer confundirlo con la pureza, que es un concepto religioso. Gracias a un sitio así, el flamenco se mantiene como tal".
"Estamos abiertos a las tendencias y a la progresión. El flamenco tiene unas señas de identidad. Es el cante jondo en su más pura expresión. Para modificar esos cantes, primero hay que conocerlos. No valen las modificaciones gratuitas. El flamenco-chill es otra cosa. Morente graba discos vanguardistas y arriesgados, pero antes ha estudiado en profundidad todos los palos. Además, sus trabajos son de una riqueza musical absoluta. Lo que pasa es que el flamenquito vende mucho y el cante jondo vende menos", gruñe Clavero.
Pinilla, por su parte, añade que el secreto de La Platería radica en la solemnidad de sus prosélitos. "Allí se disfruta el arte de los cantaores con el silencio de los que saben escuchar. Su público, los ´plateros´, es uno de los más entendidos del mundo del flamenco".
Enrique Morente con Juan Habichuela, Calixto Sánchez, Diego Clavel, Manolo Osuna... Por su tablao han desfilado los nombres dorados. Y no faltan proyectos de futuro. Una editorial, un museo. Los fondos documentales que atesora La Platería resultan descomunales y arrojarían luz en la materia. El 17 de octubre arrancará la nueva temporada de la mano de Marina Heredia. "Se ha criado en la casa. Su padre estuvo muy vinculado. Es una ´platera´ más", apunta el presidente. La Platería festejó la tercera edad en mayo con Carmen Linares. Sus defensores resisten el bombardeo de concursos y festivales respaldados por instituciones públicas. Resulta difícil cambiar tras más de medio siglo de ovaciones y flores.