EDUARDO TÉBAR
Estamos en la calle Cedrán, una de esas perpendiculares que bajan desde calle Elvira hasta Gran Vía. Lo de bajar se podría sustituir por rodar. Ya se sabe que en las madrugadas granadinas –y más en esta zona– los cuerpos adquieren facultades insólitas para el deslizamiento. Y así, como esferas de carne, buscan esa última copa que sirva de consuelo. Gesto de extrañeza al leer el rótulo que preside la vía a la mitad del trayecto: School. ¿Colegio? No son horas. Ni existen ganas. Da igual. La necesidad de conocer algo nuevo vence a la perplejidad. Nos zambullimos dentro, como un pez en un daiquiri. Franjas rojas y blancas. Metal de tuberías futuristas en el techo. Parqué negro, dardos, zona wi-fi y un billar impoluto.
En realidad, el garito se llama La Vieja Escuela. ¿Vieja? Algo no encaja, porque sacan brillo a las mesas recién llegadas. "Es una manera de reivindicar la música hecha entre los sesenta y los noventa. Aquí viene mucha gente de más de 35 años. Los que tienen la edad suficiente para valorar lo bueno que se grabó en el pasado", aclara Sonia, una de las responsables del establecimiento. Por los altavoces brota la melodía de George Harrison en ´All things must pass´. Sonia lleva razón.
La idea original pertenece a Antonio Romero, propietario del local donde antiguamente se encontraba el pub Jauja. Uf, menuda cirugía. Romero ha realizado toda la reforma con sus propias manos. Dos años de curro. "Pero merece la pena, estamos cumpliendo un sueño", añade Sonia. Desde el estreno, el último fin de semana de mayo, melómanos veteranos y turistas esporádicos han disfrutado de sus veladas flamencas y jazzísticas. "Está siendo todo un éxito", comenta. Y eso que aún no se ha disparado el torbellino universitario.
Inicio frenético. La apretada agenda de actividades evidencia que en La Vieja Escuela empiezan a caminar con las pilas puestas. Su reducido escenario alberga cada noche una flamante aventura. Monólogos, bossa, jazz, tango. Y mucho flamenco. "Para eso estamos en Andalucía", recalca Sonia. El cartel de actuaciones para lo que resta de quincena ofrece golosas sorpresas en formato de trío a diario. Esta noche, sin ir más lejos, los viajes por las músicas del mundo de la mano del proyecto del guitarrista granadino El Marqués, Kúrtulus: "Suelen acompañar a Malasjuntas. Vienen de la Cueva del Carmen del Albaicín y traen a sus alumnos. Tenemos muy buen trato con los músicos. Se sienten a gusto y quieren repetir. Lo mismo le pasa a la clientela".
José ´El Lince´, Pablo ´El Cacho´, David Heredia o Irene ´La Serranilla´ son algunos de los artistas que desfilarán por la tarima de La Vieja Escuela a lo largo de esta semana. Entrar a cualquiera de estos espectáculos cuesta seis euros. El precio de la entrada incluye cerveza o tinto de verano, así como una tapa de comida tradicional granadina elaborada por Rebeca.
Tampoco les falta versatilidad. Quieren instalar un proyector para contemplar videoclips, cine mudo y partidos de fútbol. Exponen cuadros de autores incipientes. Creadores como Andrés Aguilera, que en estos momentos decora las paredes del establecimiento. Las obras están a la venta. Para octubre, anuncian una muestra suculenta: "El pintor y cineasta Pepe Zapata traerá sus dibujos de Jerry González, Jorge Pardo y Caramelo de Cuba". Explosiva combinación de talentos. Gigantes bien conocidos en la ciudad. A su vez, el otoño vendrá con talleres impartidos por el mismísimo Rubem Dantas. Y sesiones ´jam´ para experimentar libremente con otros visitantes: "Quien quiera puede traer su instrumento y darle vidilla al bar". La Vieja Escuela aprende pronto y solicita su sitio.