EDUARDO TÉBAR
"¿Quién teme a Virginia Woolf?", se preguntaba el organista Jimmy Smith allá por 1964. Recomendable disco y graciosísima portada. Una de las cubiertas más logradas de la historia del jazz. A Smith le sobraba sentido del humor. Y talento. Mucho talento. El negro de Norristown fue el responsable de numerosos capítulos memorables en lo que se refiere al sonido de las teclas. Él catapultó en el género la presencia del Hammond, ese instrumento que barniza las canciones con un hechizante efecto electromagnético. Por supuesto, no le tuvo miedo a la narradora Virginia Woolf, ni a los sectores académicos del jazz. Era un tipo con arrojo, como el protagonista de esta historia.
El también organista Enrique Valdivieso resultó crucial en la introducción del Hammond en España. Se trataba de un músico granadino, hijo de un acordeonista. Indiscutible caso de transmisión genética. El hermano de Enrique se llama Miguel y es un notable pintor de bajorrelieves árabes tradicionales, legados que el reinventa con una técnica nueva sobre tonos, colores y texturas. Pero la vocación de Miguel era otra. ¿La adivinan? "Lo reconozco, soy el hermano frustrado de un gran organista de esta tierra. Lo llevamos en la sangre toda la familia".
El culto al Hammond y las ansias contenidas de melodías y ritmos supusieron el aldabonazo definitivo para Miguel. Así que hace cuatro años se armó de valor y abrió en Cenes de la Vega el Organ Jazz. En la actualidad, es uno de los garitos especializados en actuaciones en vivo más emblemáticos del circuito local. "La idea es que la música en vivo sea lo que predomine. Partimos del jazz con un criterio abierto. Por aquí ha pasado mucha gente del rock o del funk", explica el dueño.
El tiempo que lleva abierto ha sido suficiente para que toda una comuna de bandas haya pisado su escenario. Unas tablas que encandilan precisamente por la proximidad con el público. "Lo importante es que el músico se sienta bien. A todos los encanta la cercanía del escenario con los asistentes, la acústica y la iluminación. El ambiente resulta de lo más acogedor".
De hecho, hace varios meses albergó los directos de la AGM (Asociación de Grupos de Música de Granada). En aquellos actos "asamblearios" intervinieron, entre otros, Doctortilla, Medusa & Bugatti, Colt Puppets y los ganadores, los forasteros granadinos de Billy The Kid y sus Secuaces. "Nosotros participamos en la creación de la AGM. Aportamos nuestro banco de datos. En otras salas no quieren dar esa información repleta de contactos. Gracias a eso pudieron organizarse hablando unos conjuntos con otros".
Como en el cine. El Organ Jazz ha acogido conciertos memorables. Miguel recuerda el jazz experimental de los londinenses Vole Trío. Sin embargo, también proyectan directos de grandes nombres. Y es que opinan que no hay mayor lujo que ver a Jimmy Smith en compañía de una copa. "Diseñé la sala como ese sitio al que uno siempre quiso ir y no lo encontraba. Para eso tenemos unas luces tenues, vídeos interesantes y buena música. Es un lugar confortable, lleno de mesas y sofás. Se puede estar a gusto y cómodo mientras suena soul, funk o jazz. Tampoco ponemos reparos a las bandas míticas de rock de toda la vida. Uno puede tomarse una copa viendo proyectada una actuación de Deep Purple", aclara Miguel.
Reciben llamadas de figuras del Hammond de todas las partes del mundo. Más de las que ellos mismos tienen la capacidad de traer. No obstante, su reto inmediato es recuperar la actividad del año pasado. "Estuvimos programando conciertos todos los meses, incluso en agosto. Recuperar esa línea es nuestra batalla ahora mismo".