EDUARDO TÉBAR
Todo el mundo la conoce. En Sevilla, en Madrid, en Barcelona. Allá donde uno viaja, los melómanos del país reconocen la solera de la sala granadina. Los músicos españoles subrayan su paso por este escenario en los dossieres. Los artistas internacionales aprueban tocar en ella tras observar el abrumador glosario de nombres de prestigio que la han tratado. Y los estudiantes, ansiosos de burbujeo nocturno, escogen la Universidad de Granada seducidos por la fama del local de la calle Horno de Abad. Definitivamente, Planta Baja es el gran albergue de conciertos e iniciativas culturales en la ciudad. Referente absoluto en Andalucía y punto cardinal en la piel del toro.
Diversas generaciones de la escena granadina han echado los dientes en el Planta. Los veteranos recuerdan aquella primera etapa, la de los ochenta, con ubicación en la calle Obispo Hurtado. Por entonces, el establecimiento no acogía actuaciones. Sin embargo, ya edificaba su perfil de bastión insurrecto: ejercía de aglutinante de la modernidad. Enrique Novi contempló el fenómeno desde varios prismas. Primero, como adolescente curioso. Luego, como músico –miembro de Dayfirends–, cliente y programador en el cambio de siglo. "Juan Antonio, uno de los socios, iba todos los meses a Londres y volvía con todas las novedades. El Planta estaba por delante de cualquier garito. No era sólo una referencia musical, sino también cultural. No tenía competencia".
Mientras Tierno Galván agitaba el Madrid de La Movida con invitaciones a colocarse, el Planta recibía a activistas de izquierdas, creadores plásticos, poetas y músicos. Por ahí desfilaron los pioneros del punk granadino y los impulsores de los fanzines. Lo más ´cool´ del momento. "Se veían pintas bastante llamativas", rememora Novi. El ´O Superman´ de Laurie Anderson, la señora de Lou Reed, daba el toque de queda como sintonía de cierre.
Intentos de cierre. El Planta no ha perdido el espíritu contracultural. En los noventa, convertido al formato de sala de conciertos en Horno de Abad, incrementó el estatus de ´zeitgeist´ en Granada. Entre el Carril del Picón y la Plaza de los Lobos; el homólogo local de Malasaña. El peso histórico y su enorme calado social originaron una respuesta monumental hace unos meses; el público bramó ante el segundo intento de cierre en esta década. ¿El motivo? Su escenario siempre incentiva el movimiento entre los grupos incipientes. Aquí empezaron a dar guitarrazos Los Subterráneos, antes de popularizarse bajo el rótulo de Los Planetas.
Las formaciones granadinas sueñan con bajar esas escaleras futuristas y protagonizar algún día un recital en Planta Baja. Resulta imposible tropezar con un melómano que no haya visto el concierto de su vida apoyado en la gruesa columna de abajo. Existe unanimidad al afirmar que la tenue luminosidad del sitio refuerza la complicidad con el artista, la sensación de encuentro íntimo y cercano.
Gigantes del ámbito alternativo en Estados Unidos se han prodigado en el Planta. Figuras como Elliot Murphy, Will Oldham, The Cynics, The Posies o Paul Collins. Iconos intergeneracionales como Jonathan Richman o Luis Alberto Spinetta. Dominique A, un francés insigne, continuando ´a pelo´ y a oscuras en un corte de luz. El debut en solitario de un desconocido Nacho Vegas. El líder de Tokyo Sex Destruction bailando en la barra... Veinte años de vibraciones.
Los integrantes de Eskorzo adquirieron la sala en 2005. Al capital musical sumaron las exposiciones, el teatro y las sesiones paralelas de Dj en ambas plantas. En la actualidad, su programación contempla unas 150 actividades cada temporada. "Pretendemos seguir los ejemplos de Berlín o Londres, atraer el ocio cultural y a los universitarios. Enriquecemos la ciudad y nos tienen muy bien vistos fuera", comenta el vocalista del combo, Tony Moreno. Importante responsabilidad. Y lo debió sospechar un sabio. Hay vida en el subsuelo.