EDUARDO TÉBAR
Son muchos los que sitúan el Paseo de los Tristes a la cabeza en la lista de las calles más bellas del mundo. Un lugar que favorece la ensoñación y el ensimismamiento. Rincón de poetas y románticos. Fuente de inspiración y manantial de creatividad. El espacio en el que un café, una tertulia y la música precisa invitan al traslado imaginario. Hacia la bohemia parisina. Hacia el candor habanero. Incluso, hacia la elegancia conspicua de un local de Buenos Aires.
Fue precisamente un argentino quien emprendió la aventura de crear La Fontana, un día de octubre allá por 1993. "Poca gente sabe que el nombre del establecimiento viene de mi apellido", confiesa Juan Fontana. Como el escritor Andrés Neuman, él llegó a Granada en plena pubertad, convirtiéndose con los años en ese raro híbrido de acento bastardo y deje indeterminado. "Esto era antes un restaurante muy famoso, El Primer Puente, que salió en la BBC. Mucho antes, aquí había una carbonería".
Juan pertenece a una familia que conoce el negocio. Gestionaban el restaurante El Agua, en el Albaicín. Allí, el joven aprendiz se empapó de las enseñanzas necesarias para dar el salto como empresario a los 19 años. "Al principio, pensé en lo que tenía más cerca, el modelo de una casa de vinos, con tapas de embutidos. Al final, me decidí por la cafetería y los cócteles".
Sin embargo, Juan sentía que, como padre de la idea, La Fontana debía reflejar su visión. Un viaje a Amsterdam le sacó de dudas. "Sufrí un poco hasta que estuve en Holanda con mi novia, Yolanda Maldonado, con la que lo llevaba. Entonces vi la temática y la dinámica de un pub abierto al público todo el día. La importancia de la música. El perfil de los clientes".
La Fontana es hoy un referente en Granada. Se trata de un destino atractivo para el público que busca una tetería, un café, un bar de copas, un sitio para la charla o, simplemente, jugar una partida de billar. "Apostamos por canciones de calidad: blues, jazz, ´hard-rock´, fusión, ´ambient´... El tema musical lo llevo en los genes por mi condición de argentino. En casa siempre escuchaba a Bob Marley, Madness y bandas de pop sinfónico. Al volver de Amsterdam, perdí el miedo a hacer las cosas que me gustan. Era muy joven para un negocio de esas pretensiones".
Exposiciones. De pronto, La Fontana se llena cada noche. Y Juan se ve en la tesitura de "invitar" a que la clientela se marche cuando el reloj marca las cuatro de la mañana. ¿Cómo lo logró? "Me volqué con la cultura: exposiciones de pintura y recitales de poesía. La música bajita se complementaba con el arte. Hubo una época de jazz y tango en vivo". En la actualidad, la lista de espera para exponer se prolonga hasta en cinco meses. Y el mismísimo Saramago leyó versos en el local tras ganar el Nobel, en la etapa en la que los jóvenes poetas acudían para gestar proyectos como la Feria del Libro Antiguo de Granada. "Celebrábamos la llegada de la primavera con una poesía muy reivindicativa".
Este verano, La Fontana retomará una vieja costumbre: dejar el espacio en penumbra, con la única iluminación de unas velas. "Eso me recuerda a la primera imagen que me suscitó el pub en el Paseo de los Tristes. Me cautivó desde que entré y lo descubrí. Pensaba que así se vivía hace 200 años. Ver pasar la procesión del Silencio ahí dentro es una experiencia espectacular que le recomiendo a todo el mundo".
¿Y la clave del éxito? "La constancia y la seriedad. La honestidad y la claridad de las cosas". Como buen argentino, el padre de Juan Fontana le inculcó a su hijo el intento de ser el mejor. "Lo más seguro es que no lo consiga, pero con el empeño resulta más fácil ser bueno. He querido darle a los demás lo que hubiese querido para mí. No he cortado la entrada a nadie. La Fontana tiene la clientela más variada de Granada. Y servimos el mejor mojito". Todo a los pies de la Alhambra. Un lujo al alcance de los granadinos.