
orrían los primeros días del mes de julio cuando ya se vaticinaba que el Granada CF preparaba un “equipazo a la vista”. Sólo hay que mirar la hemeroteca de comentarios que aún conserva la web de La Opinión de Granada para comprobar que pocos eran capaces de creer lo que era imposible y que ahora se ha hecho realidad: el ascenso a Segunda División A.
El camino hasta llegar al objetivo no ha sido fácil. Han tenido que pasar 38 jornadas llenas de alegrías, penas, disputas, tristezas, tensión, emoción y dudas. La incertidumbre ha rodeado a la plantilla desde que el último fin de semana de agosto diera comienzo la competición, principalmente en torno a una figura, la de Miguel Ángel Álvarez Tomé.
El técnico leonés cayó cesado en la jornada 30 fruto del mal juego del equipo lejos de Los Cármenes y de la cantidad de derrotas cosechadas hasta entonces (8), lo que incrementaron las dudas que ya sobrevolaban sobre la cabeza de Quique Pina y Juan Carlos Cordero. A ambos se les atribuyó una desconfianza sobre el entrenador por el mero hecho de que ellos no lo habían contratado.
Sea cierto o no, hasta ese momento el equipo dio su mejor cara como local de la temporada, aunque como visitante flaqueó de una forma excesiva y sin tapujos, lo que contagió de dudas las posibilidades de ascenso del equipo. Una plantilla hecha a base de talonario, con jugadores de categoría superior no solo en la forma sino en el modo.
Sin embargo, los comienzos no fueron fáciles: Victoria ante el Estepota por 3-2, con más sufrimientos de los previstos; la primera derrota en Sevilla (2-1); polémico empate en casa ante el San Roque (2-2), y tablas sin goles en Écija.
Esto lanzó las primeras alarmas sobre el equipo, que en las dos jornadas posteriores sacó un agónico triunfo ante el Lucena y volvió a perder a domicilio ante el Ceuta, uno de los a priori favoritos del campeonato. Superadas las primeras seis jornadas quedaba claro que el camino no iba a ser de rosas y que quizás las espinas estaban más presentes de lo esperado. Además, los numerosos goles encajados (7 en 6 jornadas) encendieron las alarmas sobre la incapacidad defensiva del equipo, pese a que Tomé llegó a cambiar de portero y defensas.
Sin embargo, cuando la situación era crítica y complicada, el equipo encadenó la mejor racha de la temporada con el técnico leonés en el banquillo, al superar con solvencia los partidos ante Águilas (7-1), Atlético Ciudad (0-1), Sangonera (3-1), Jerez (0-3) y Marbella (5-2). Precisamente, ante éste último, se alcanzó un objetivo deseado: el liderato.
Los rojiblancos alcanzaron la primera posición once jornadas después de comenzar la temporada y el juego empezaba a ser claro en Los Cármenes. Un sistema ofensivo aportaba diversión y espectáculo en Los Cármenes que, sin embargo, no terminaba de cuajar lejos de casa.
Así las cosas, en los dos desplazamientos posteriores a Sevilla, ante el Betis B, y a Melilla, los granadinos no sacaron más que sendos empates. Pese a ello el liderato se mantuvo intacto, incluso después de no pasar del 0-0 en casa ante un Poli Ejido que atrajo a casi 14.000 personas al estadio zaidinero.
Después de tres igualadas consecutivas, la plantilla volvió a demostrar su peor rostro en Roquetas, donde Tomé se empecinó en el ataque con hasta 5 delanteros tras ir perdiendo por uno cero. Resultado al que los granadinistas no fueron capaces de dar la vuelta y que propició la pérdida del liderado e incluso la exclusión momentánea de los puestos de promoción.
Los triunfos ante el Murcia Imperial, Moratalla y Caravaca volvieron a aportar a la plantilla la confianza necesaria, aunque fue en la primera vuelta, al final de la misma, cuando la plantilla mostró el peor rostro.
La derrota en Jaén sentó un precedente inesperado, pues los rojiblancos no solo fueron incapaces de plantar cara a los del Santo Reino, sino que demostraba que en la primera vuelta, de entre los equipos favoritos, los rojiblancos no fueron capaces de saldar positivamente sus compromisos.
Aún así Tomé se mantuvo en el cargo muy herido, pese a que su condena definitiva no se produciría hasta que no quedaran ocho jornadas para el final.
Hasta entonces, más de lo mismo que en la primera vuelta: victorias ante Estepota (0-4), Sevilla Atlético (2-1), Écija (4-1), Ceuta (2-1), Atlético Ciudad (3-0). Águilas (1-2) y Jerez (4-1). Estos marcadores se vieron contrarestados con un penalti inexistente en San Roque, no cometido por Mainz, que supuso la derrota por la mínima.
A esta actuación arbitral hay que unir la justa derrota en Lucena, en donde la desconcentración pasó factura seriamente; el varapalo de Sangonera (3-2) o la puntilla de Marbella (3-1), en donde Tomé cavó su propia tumba.
Entonces, quizás podía ser demasiado tarde para cambiar de entrenador pese a que el equipo era segundo y, aunque las formas no fueron las más correctas –fue cesado ante todos los periodistas en mitad de un pasillo-, el equipo necesitaba un cambio de rumbo en el que sólo un día después de aquél 21 de marzo empezó a trabajar Fabriciano González “Fabri”.
Con la llegada de la primavera, la etapa oscura rojiblanca pasó por su mejor momento, al encadenar hasta ocho encuentros sin conocer la derrota con el gallego en el banquillo quien, nada más llegar, imprimió al equipo un marcado carácter defensivo que los aficionados tardaron en entender.
El día de su debut, cuando todo estaba casi hecho con el 1-0 tras un tanto de Tariq, los béticos empataron y caldearon el ambiente en el equipo, cuya situación fue totalmente distinta una semana más tarde, tras golear y vapulear al entonces líder, el Melilla.
Los norteafricanos recibieron una ‘manita’ en Los Cármenes que no supieron encajar bien, fruto de la polémica actuación arbitral pese a que fueron dos jugadores melillenses los que se autoexpulsaron durante el encuentro.
Con la euforia en las venas, a los rojiblancos ya fue imposible detenerlos en busca de la primera posición. En El Ejido la victoria estaba casi atada con un gol de Collantes, pero el empate llegó cuando mejor defendían los de Fabri. Por otra parte, el Roquetas no salió vivo de Los Cármenes pese a sus continuas acometidas.
A cuatro jornadas del final llegó la noticia más esperada. Una victoria por la mínima del Granada CF ante el Murcia Imperial y el empate del Melilla ante el Ceuta posibilitó que los granadinos volvieran al liderato, cuya posición adquirieron en propiedad hasta el final.
Para ello hubo que salvar con notable las etapas de Moratalla (2-1), Caravaca (0-1), con más de 3.000 seguidores rojiblancos en las gradas del Estadio Municipal de Lorca; y ante el Real Jaén (2-0), que supuso la fiesta local al lograr el ansiado campeonato.
Y después llegó el Alcorcón. Ante el que los sueños inalcanzables allá por el mes de mayo se convirtieron en realidad prácticamente 365 días después.
Será una temporada para recordar numerosos nombres, pero si de alguien no se olvidarán los aficionados serán de Pina y Gino Pozzo, verdaderos artífices de hacer que este año sea inolvidables para los que un día imaginaron que volver a Segunda no era una utopía.

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