D. M
Primer asalto. Y quedan dos, por fortuna para los melómanos más exigentes y, en general, para un público que demuestra año tras año que Barenboim es la apuesta más segura del Festival de Música y Danza y por mucho que se insista, no deja de colgar el no hay billetes el mismo día que salen las entradas a la venta, sea cual sea el programa previsto. El jueves lo refería la consejera de Cultura, Rosa Torres, que aseguró que hasta había cartelitos en los que decía: "Necesito entradas para Barenboim. Es cuestión de vida o muerte".
Para este primer concierto el maestro argentino, al frente de la orquesta Staatskapelle de Berlín, las partituras seleccionadas fueron de Mendelssohn, Mahler y Beethoven, precisamente con el ´Concierto nº 3´ del compositor alemán Barenboim dejó la batuta para sentarse al piano, con lo que la gracia quedó completa.
El programa arrancó con una obra muy poco interpretada de Felix Mendelssohn: la obertura de la música que escribió en 1839 para una representación de ´Ruy Blas´ de Víctor Hugo.
El argumento de la pieza teatral gira entorno a un turbio enredo entre amor y política, ambientado en la España de finales del siglo XVII, que entremezcla tonos de tragedia y comedia. Resulta curiosa la distancia expresiva que existía entre el compositor y la obra literaria –que Mendelssohn llegó a tildar incluso de "infame"– del autor francés y que llevó al músico a despachar el encargo en pocos días.
Tras la obra de Mendelssohn, Barenboim acometió el Adagio de la incompleta ´10ª Sinfonía´ de Mahler, que se escuchó anoche por primera vez en el Festival de Granada. Gustav Mahler murió en 1911 sin haber podido estrenar en vida sus dos últimas grandes creaciones: ´La canción de la tierra´ y la ´Novena sinfonía´. Sin embargo, se trataba de partituras acabadas que han podido interpretarse sin mayores problemas. Más complicado es el caso de la ´Décima sinfonía´ comenzada en el verano de 1910 y de la que sólo han quedado dos movimientos considerados "ejecutables". La pieza que se escuchó anoche en el Palacio de Carlos V fue el ´Adagio´, que se ha impuesto de hecho como una partitura autónoma capaz de dibujar un universo expresivo plenamente acabado. Tras el descanso, el público –con una gran afluencia alemana, compatriotas de la Staatskapelle– tuvo la fortuna de volver a escuchar en Granada al Barenboim pianista quien, además, interpretó una obra que ya ha quedado unida a su nombre de forma imperecedera. Se trata del ´Concierto número 3 en Do menor´ para piano y orquesta, op.37 de Beethoven, y es que la interpretación grabada por el maestro argentino es la que se considera canónica de la obra de Beethoven.
El primer elemento llamativo de esta partitura es la elección de la tonalidad de Do menor, clave en el repertorio beethoveniano por estar ligada a obras de intenso dramatismo expresivo como la sonata Patética, la obertura Coriolano o la Quinta sinfonía.
Radiado. Y con esta pieza concluyó el primero de los tres grandes conciertos que el maestro Barenboim ofrece este año en el Festival Internacional de Música y Danza, todos retransmitidos en directo por RNE-Radio Clásica y la Unión Europea de Radiodifusión.
Tal vez el de hoy, según algunos entendidos en la materia, sea el más interesante, por el compositor al que estará dedicado, Elliot Carter. Antes, no obstante, sonará una de las especialidades del director, Wagner, con unos célebres momentos de dos de sus óperas, ´Tristán e Isolda´ y ´Die Meistersinger von Nürberg´.