EDUARDO TÉBAR
Se trataba del examen más importante de su incipiente carrera. La veintena de alumnas del Conservatorio Profesional de Danza Reina Sofía desplegaron sus ganas, frescura y bisoñez para deleite de un público que pobló los rincones de la Huerta de San Vicente. La poesía se respiraba en el ambiente. La sensación de prueba de fuego cortaba el aire. Y los bríos de estas jóvenes promesas convencieron a quienes esperaban algo más que un simple espectáculo de coreografía. El lleno fue absoluto, con un público que atendió a la representación con receptividad y respeto.
Explicaba la prestigiosa coreógrafa catalana María Rovira que, para ellas, suponía una oportunidad de oro. Como una catapulta hacia la profesionalización. Y encima en la programación del FEX, en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Una prueba que superaron con creces.
El montaje, denominado ´Almaa´ (´Agua´, en árabe) recordó a los moriscos expulsados de España, acontecimiento histórico que tuvo lugar hace justo 400 años. La temática no podía guardar más relación con Granada. La ciudad que presenció una brutal quema de libros en la Plaza de Bib-Rambla. Todas estas vicisitudes se expresaron a través del lenguaje de la danza, en un ir y venir de movimientos sugerentes. Brazos y piernas trazando un poema invisible y hondo. Desde luego, ahí también ayudó el notable soporte musical de Paz Sabater, una de las profesoras del Conservatorio. La magnífica composición impregnó de lirismo hasta las hojas de los árboles. Y reverberó ese dolor que se baila hasta el cielo granadino en un recorrido de sonidos étnicos, lamentos africanos, arpegios melancólicos y pasajes de electrónica sofisticada.
La emigración de los moriscos tras la expulsión se presta a la analogía con el presente. La diáspora humana continúa protagonizando episodios de angustia y horror en todo el mundo. Granada, por su pasado remoto y su cercanía geográfica con el hemisferio sur, conoce los lamentos ahogados de quienes buscan un futuro mejor lejos de sus raíces. El Mediterráneo teñido de sangre y el drama de las pateras se asemeja a las escenas de ´Almaa´. Ese deambular sin rumbo tras la expulsión, esa huida, ese ejemplo de socorro al prójimo para saltar el muro de la salvación al continente de al lado. La obra, además, profundizó en los rasgos más íntimos y psicológicos. La lucha más encarnizada del individuo consigo mismo y con su conciencia.
Acostumbrada a trabajar en compañías profesionales –por ejemplo, la suya propia, Trànsit Danza, a menudo invitada del Ballet Nacional de Cuba y del Ballet Hispánico de Nueva York, entre otros–, en las que todos saben de memoria lo que tienen que hacer y cómo hacerlo, Rovira se mostró emocionada por el lado fresco, espontáneo y diletante de un grupo en ciernes. De hecho, esta experiencia ha convencido a la catalana para animar a la ciudad a que forme una compañía juvenil dado su nivel.
En un segundo bloque, las alumnas del Reina Sofía interpretaron ´Translados´, enfocada para ocho bailarines, profesoras del conservatorio y miembros de la compañía de Rovira en Barcelona. Fue la nota abstracta y conceptual de la velada, como obligaba el tema. El tránsito de ir de un lugar a otro.