L.O.
La sensación visual y sonora invitaba a muchas metáforas posibles. Como si de un ´cubo de rubik´ perfectamente ordenado se tratara, o un bote de sal de colores ordenado por pisos, o una gigantesca caja de música decorada y animada por dentro, el Cubo de CajaGranada acogió ayer el estreno del ´Libro de las estancias´ del compositor José María Sánchez-Verdú, una obra contemporánea y diseñada especialmente para tan singular edificio, que fue ayer escenario y protagonista para el Festival Internacional de Música y Danza.
Este espectáculo, que repite hoy sesión en el mismo lugar -dónde si no-, es un encargo del Festival en coproducción con el Instituto Valenciano de la Música, y, por lo tanto, la representación de ayer fue un estreno absoluto.
Siguiendo la tendencia de la música contemporánea más actual, la obra permite al espectador moverse por los diferentes espacios del Cubo y así alterar de forma voluntaria la percepción de la composición, escogiendo entre los dos grupos orquestales de cuerda, los dos de metales (de la Orquesta Ciudad de Granada) y los dos coros (del Cor de la Generalitat Valenciana). El contratenor Carlos Mena, la voz árabe de Marcel Pérès y el piano de Isabel Puente completaron con su participación, la más poética del trabajo de Sánchez-Verdú, el colorido abanico de sonoridades, que envolvían de forma tridimensional a un respetable sorprendido y animado a ´habitar´ los espacios de forma alternativa.
Pero ´Libro de las estancias´ es mucho más que una partitura al uso. La composición juega con la articulación del número 7 en todas sus posibilidades, de tal manera que la cuenta acaba sumando las tradiciones cristiana y árabe, en recuerdo de la expulsión de los moriscos hace 400 años -uno de los ejes del Festival-, en una fusión proyectada hacia el futuro a través de elementos electrónicos de manipulación de la música, que fueron responsabilidad de Experimentalstudio des SWR (Friburgo).
La iluminación del edificio, de vital importancia para elevar al Cubo la composición de Sánchez-Verdú, es un trabajo de Miguel Serrano. La acústica del Cubo, que en otras ocasiones ha significado un problema, estuvo ayer perfectamente acoplada al diseño de la obra, eso sí, con amplificación. El resultado fue misterioso, excitante e impredecible, y puso la nota de modernidad a esta edición del Festival Internacional de Música y Danza.