El director Daniel Barenboim ofreció anoche su segundo concierto en la 58 edición del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, una actuación que si bien no tuvo el aliciente de la del viernes, en la que se pudo disfrutar del maestro al frente del piano, el principal atractivo, que no era poco, fue gozar con la Staatskapelle de Berlín de un homenaje a uno de los grandes compositores de nuestros días, el neoyorquino Elliott Carter, que en diciembre cumplirá 101 años.
Carter es un compositor no demasiado programado, por lo que los espectadores que estuvieron anoche en el Palacio de Carlos V se pueden considerar afortunados. Este neoyorkino pasará a la historia, lo dice el propio Barenboim, como uno de los grandes compositores del siglo XX y del XXI. La mayor parte de los críticos suelen coincidir en que la música de Carter es rabiosamente contemporánea, una música del tiempo que ha vivivo, que vive su creador, en la que, como alguien comentaba, cierras los ojos y se puede pensar, mientras se escucha, que se está en medio de cualquier gran ciudad cosmopolita.
Para la ocasión, el maestro argentino escogió la Sinfonía ´Sum Fluxae Pretium Spei (1993-1996)´, que se estrenó en Manchester en 1998, cuando su autor estaba próximo a cumplir los 90 años y está considerada como su obra orquestal más grande y compleja en estructura, sobre todo por los contrastes entre los muy delicados solos para vientos y las tremendas explosiones de la percusión –el propio director argentino-israelí reconoció ayer ante el público que estaban ante un trabajo difícil–.
Barenboim decidió ayer cambiar el orden de dicha obra. ´Partita´, que en origen es el primer movimiento, se interpretó al final de la sinfonía, y el director lo justificó en que ´Sum Fluxae Pretium Spei´ es una obra dividida en tres movimientos prácticamente independientes. Además, el final de dicho movimiento es mucho más contundente que el del tercero; así, Barenboim jugó con tres elementos intercambiables como un trilero y, al final, la bolita estaba bajo el vaso. Con elementos rítmicos que recordaban a Stravinsky y la expresividad de Schoenberg, la sinfonía que ayer se pudo escuchar en Granada fue una joya escondida redescubierta para los afortunados asistentes. De hecho, Barenboim preguntó al respetable si alguno de los presentes la había escuchado alguna vez, y el silencio reinó. Esta pieza de 45 minutos es también una da las más celebradas de su producción, y fue compuesta a partir de un poema en latín del autor británico del siglo XVII Richard Crashaw. El director también recordó ayer una anécdota en la que uno de los músicos de la Orquesta de Chicago consideraba la obra desagradable y cuestionaba su interpretación. Aquel músico, con el paso de los años, acabó por darle la razón a Barenboim. La sinfonía es una de las grandes creaciones de Carter.
Además de esta magnífica pieza, el público del Carlos V tuvo la oportunidad de escuchar dos célebres momentos sinfónicos de Wagner: ´Preludio y Muerte de Amor´ de ´Tristán e Isolda´, y la Obertura de ´Die Meistersinger von Nürnberg´. El concierto fue transmitido en directo por RNE-Radio Clásica.
El director argentino-israelí ofrecerá hoy, de nuevo al frente de la Staatskapelle Berlín, el último de los tres conciertos que protagoniza en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, en el que interpretará la cuarta sinfonía de Anton Bruckner, la ´Romántica´. b L. o. Granada