D.R.
Si la puesta en escena la pasada semana del Ballet Corella Castilla y León fue uno de los acontecimientos de esta 58 edición del Festival Internacional de Música y Danza y la arriesgada propuesta de Ángel Corella, en la que demostró que el ballet clásico también evoluciona, fue extraordinariamente acogida, el montaje de anoche, de nuevo ballet, fue sin duda la guinda del pastel con el que la programación de este año se coronó en cuanto a la danza clásica.
Anoche se dieron todos los ingredientes necesarios, como se darán nuevamente mañana en un segundo pase, para que el público hubiese estado aplaudiendo hasta hoy mismo: por un lado la obra escogida, ´El lago de los cisnes´, y por otro, por supuesto, el Royal Ballet de Londres, que visitaba ayer por primera vez el Festival de Música y Danza.
Además Tchaikovsky estuvo desenlatado, es decir, sonando de verdad, con una orquesta en el foso –una de las principales demandas del público del Festival–, la Orquesta Ciudad de Córdoba dirigida por el ruso Valeriy Ovsyanikov, y como colofón, la bailarina Tamara Rojo en la interpretación de Odette y Odile (Marianela Nuñez la sustituirá mañana), y Federico Bonelli en el papel de Sigfrido (mañana será interpretado por Thiago Soares).
Tal vez los muy aficionados al ballet habrían preferido otra pieza, pues ´El lago de los cisnes´ es la piedra de toque a la que una y otra vez se recurre para no arriesgar demasiado y agradar al respetable. Todo el mundo conoce la historia del príncipe Sigfrido, enamorado de Odette, esa joven convertida en cisne por el hechizo del malvado Von Rothbart, y Odile, el cisne negro e hija del brujo. Pero eso, seguro, realmente no importó demasiado.
El hecho de que sea una obra archiconocida y que incluso hubiera entre el público hasta quien se supiera los pasos de memoria no le restó ni un ápice de brillantez a la puesta en escena, y los aplausos llovieron generosos. No fue para menos, con una escenografía y un vestuario impresionantes, una orquesta perfectamente sincronizada y una Tamara Rojo que volaba sobre sus zapatillas con equilibrios imposibles. Cerca de tres horas de ballet puro y de máxima calidad.