E. TÉBAR. GRANADA
El éxito planetario de Pablo Heras-Casado sólo se explica desde la humildad y el entrenamiento constante. Francia, Inglaterra, Canadá... Esta joven realidad de la dirección orquestal recorre los escenarios más lustrosos extrayendo enseñanzas. Así llena su petate y viaja mientras cumple sus sueños. Y entre idas y venidas, esta noche regresa a su tierra para ofrecer un concierto con una de las formaciones de música contemporánea más importantes de la actualidad, la Klangforum Wien.
"Dirigir a una orquesta ante tu familia y tus amigos es un momento muy especial y emotivo. Aquí empecé a aprender música y a dirigir. Volver a Granada con un grupo importante crea una situación extraña que estimula mucho", comenta el músico. En su ciudad natal tomó contacto con harry Christophers y fundó un activo grupo de música antigua, Capella Exaudir, con el que no paró de experimentar durante una década.
"Christophers, Pierre Boulez o Salvador Mas me han aportado unas nociones fundamentales para funcionar como artista y como persona. Admiro su austeridad. Para ellos, el trabajo y la disciplina son lo más importante. La partitura está antes que el intérprete. Esa actitud va más allá de las cuestiones de estilo", dijo.
Ocupación total. En la actualidad, Heras-Casado está a cargo de una orquesta barroca en Madrid, con la que explora un repertorio poco divulgado del siglo XVIII español. Y en su agenda no se ven huecos en blanco hasta 2013. Colaboraciones con la Ópera Nacional de París, proyectos con la Canadian Opera Company y con la Ópera Nacional de Burdeos llenan el tiempo de este –ya no tanto– niño prodigio. El mismo que condujo con éxito ´La bella dormente´ de Respighi con la Ópera de Bilbao.
¿Su secreto? "Existen muchos directores jóvenes. Quizá sean más visibles ahora en España. Cierto es que comencé muy pronto, pero siempre he ido paso a paso. Despacio, pero sin pausa. La evolución de ir trabajando de una forma muy disciplinada y muy intensa durante mucho tiempo". Para alcanzar todas estas metas, Heras-Casado no ha renunciado a las peripecias propias de cualquier estudiante: "Mi familia me apoyó muchísimo. Me dejó desarrollar mis inquietudes. Tuve una adolescencia absolutamente normal. No me perdí nada de lo que puede vivir un chaval de hoy en día".