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HEMEROTECA » |
DANI R. MOYA. Espido Freire (Bilbao, 1974) es una novelista que ha sabido sobrevir a la vorágine de ganar un Premio Planeta a una edad insultantemente temprana, 25 años, con su novela ‘Melocotones helados’. Espido había debutado poco antes como escritora con ‘Irlanda’(Planeta, 1998), un libro que fue galardonado con el premio francés Millepage, que los libreros conceden a la novela revelación extranjera.
Su trayectoria literaria ha subido desde entonces como la espuma y, precisamente es la editorial Páginas de Espuma la que ha publicado su obra más reciente, ‘El trabajo os hará libres’, un libro sobre el que hablará hoy con sus lectores en la librería Picasso (Obispo Hurtado 5) a las 20 horas.
–¿Por qué una frase que presidía el campo de concentración de Auswitch para titular el libro?
–Es una de mis preferidas. Creo, además, que es una enseñanza para la vida. Entramos, nos entretienen prometiendo la salvación si somos dóciles, pero sólo salimos de este mundo muertos.
–El trabajo precisamente ronda en todos los cuentos del libro, justo en el momento en el que más parados hay en este país...
–Sí, no está demasiado bien elegido el momento. O quizás sí. Era imprevisible controlar la situación en la que el libro veía la luz, veamos qué suerte tiene.
–¿El trabajo de una escritora como usted es de 8 a 3 como en una oficina o es más flexible?
–Si sólo trabajara de 8 a 3 no hubiera conseguido ni un tercio de lo que he logrado en mi vida. Y si no fuera flexible, ni la décima parte.
–Como están las cosas, ¿no le vendría bien un ERE al gremio de escritores en España?
–No creo. Casi todos somos autónomos. Nos vendría bien un sindicato eficaz.
–¿El cuento es la antesala de la novela?
–Es posible que para algunos sí. Para mí, un cuento es un género en sí mismo, mi preferido, para más señas. No es un intento de nada... un resultado sí, si nos sale bien.
–¿Puede en España un libro de cuentos llegar a ser un best seller?
–Esa es una pregunta muy interesante. Sólo lo ha sido cuando las editoriales se han volcado de verdad en libros y autores, de manera que poco está en mi mano para lograrlo
–De la novela al ensayo, de éste a los cuentos. ¿En qué género se siente más cómoda? ¿Ha hecho incursiones en géneros?
–En el cuento. Pero soy dispersa, me gusta experimentar y saltar de uno a otro. Publiqué un libro de poemas, ‘Aland la Blanca’, en el 2001. Creo. Quizás fue el 2000. Son ya muchos libros y poca memoria.
–¿Se considera integrante de alguna generación de narradores?
–No.
–Usted ha creado E+F, una escuela literaria que imparte talleres. ¿Aprendió a escribir así? ¿Se puede crear un gran escritor en los talleres literarios?
–E+F es una empresa que creé hace dos años, de la que la escuela es sólo una parte. En ella elaboro conceptos culturales, e intento aplicar la teoría que siempre he defendido: la cultura es rentable, la literatura es rentable. Yo no imparto talleres. Creo poco en los talleres. Imparto cursos. Por desgracia, yo no conté con ellos, y por eso he intentado llenar ese vacío. Los artistas no se crean de la nada, pero el aprendizaje y la formación son un camino hacia el éxito.
–¿Qué tipo de personas son las que acuden como alumnos? –Depende en gran medida del curso que se imparta. Los dirigidos a empresa, tienen a ejecutivos como alumnos. Los literarios, a aspirantes a escritores.
–Dicen que en el mundo de la literatura los egos andan a flor de piel. ¿Cómo anda el suyo?
–La última vez que me paré a prestarle atención, bien. Mis padres me han legado un sano desprecio por la adulación, la reputación poco sólida y las tonterías, en general.
–La Wikipedia dice que usted ha manifestado su intención de desgravarse de la factura de sus vestidos porque forma parte del material de trabajo de un escritor. ¿Es importante la imagen que dé el escritor en los medios?
–Sí, Wikipedia dice muchas inexactitudes. Lo que he manifestado es que en mi caso, como el de muchas otras mujeres con proyección pública, se nos exige una apariencia como parte de nuestra vida profesional que no se exige a los varones, y que no se contempla como gasto profesional. No creo que sea nada insensato. Si de todas mis reflexiones literarias se quedan con ese detalle, obviamente el error no es mío, sino de quien criba la información. Yo pienso en mi imagen no como escritora, sino como alguien con visibilidad mediática; sería absurdo negar que la tengo. Y, como el resto de los aspectos de mi carrera, intento cuidarla.
–Tiene usted el apellido de la amada que inspiró a Garcilaso de la Vega. ¿Cómo decidió cambiar las tornas y, en lugar de la musa, ser la autora?
–Si hubiera podido ser musa, la vida sería mucho más sencilla. No es nada que se elija, me temo. Yo he sido autora porque tampoco he podido elegir. Sólo he sido
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