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HEMEROTECA » |
ÓSCAR CANO
Formamos parte de un sistema que sólo anda preocupado porque sus ciudadanos consuman. Generar información y provocar movimientos, inservibles en la mayoría de los casos, es la estrategia empleada. Se busca que el individuo se deslice sin pensar entre el optimismo irreflexivo y la frustración. Se pretende suscitar una cultura de usar el producto inmediato para tirarlo a partir del primer error que percibamos.
Si el fiasco no llega a tiempo y la estabilidad amaga con aparecer, rápidamente se inventa algo para que se tenga la sensación de que dicho producto puede dar más de sí, no es del todo rentable. Ya se sabe, el cambio vende, mientras lo perdurable se presta menos a la comercialización.
El Granada CF no es esquivo a esta maléfica influencia lucrativa, es más, lamentablemente estamos educadísimos para seguir su estela. El pasado domingo el equipo se acercó a lo que será su nivel sistemático. El rival ayudó, pero sepan que ganar hoy día no es tarea fácil, y menos aún atropellando al equipo de enfrente.
Lo peor es que noventa minutos no pueden condicionar tanto nuestra opinión. El equipo es tan bueno, en relación al resto de contendientes, que bastará con no engendrar dudas respecto a su rendimiento, será suficiente con mantener como aficionado la calma, para de manera natural ser campeones de Liga.
Nuestro más feroz enemigo es ese vaivén funesto que nos angustia y que se irradia hasta llegar al vestuario y lastimarlo. Esa amarga predisposición que existe al ´hoy héroes, mañana villanos´ abrevia los recursos y nos hace desdichados. El día que recibamos a la momentánea derrota con naturalidad, y veamos la victoria únicamente como un pasito más hacia el objetivo final, la suerte vendrá a nuestro encuentro para encumbrarnos a la cima que ansiamos.
El Mundial Sub´20
Ya se han apresurado los ´juntaletras´ a sacar la pluma de punta afilada para hurgar en las decisiones de los técnicos de las selecciones de categorías inferiores de España. La eliminación a manos de Italia es un buen producto para comerciar. Mi opinión, sin pretender por ello ser el adalid de la contrariedad, es que esta derrota esconde un gran resultado futuro.
La inmediatez de los hechos, el resultado a corto plazo, no puede cegarnos ya que el logro no es menor y los frutos no tardarán en llegar: se está fomentando una cultura afín a la de la selección absoluta, los equipos son manejados por jugadores que tienen una característica común, el talento. Tenemos una serie de futbolistas, entre los 17 y los 21 años, capacitados para ofrecer un excelente relevo generacional a los campeones de Europa.
Ya no habrá que tragarse la imposición de un central como centrocampista organizador, actuar con nueve jugadores por detrás de la pelota constantemente por haberse dejado dominar, o apelar al espíritu de Camacho y Migueli como medio para clasificarse ´in extremis´ para la Copa del Mundo o la Eurocopa de turno.
Ahora los equipos nacionales tienen una práctica definida desde la posesión del balón, pelota que gestionan los Marcos Gullón, Fran Mérida, Parejo, Thiago Alcántara o Matilla, que, además, cuentan con la colaboración de centrales para los que manejar el esférico no es problema alguno, como Botía, Fontás, Muniesa o Piqué en la absoluta. Junten estos nombres con los de Iniesta, Torres, Cesc, Mata o Silva, ya que ninguno sobrepasa los veinticinco años, y valoren si estamos en un camino decadente o pisamos terreno fértil.
Pellegrini y Jiménez
Los entrenadores del Real Madrid y del Sevilla, más que intentar dirigir a sus respectivos equipos el pasado domingo, parece que estaban más preocupados en intercambiar sus prendas de vestir. Llegaba el técnico chileno con el chaqué de hombre sabio, la corbata más admirada por sus cinco victorias anteriores y los zapatos recién abrillantados tras los halagos recibidos por la gestión de los egos de sus rutilantes estrellas.
Al otro lado del ring, el entrenador de Arahal se acomodaba en su área técnica para pasar el examen quincenal de unos aficionados que, como manda la tradición hispánica, no soportan que un igual, por su sencillez y cercanía, triunfe. Su indumentaria no era de Armani, más bien eran los harapos de la crítica voraz los que le vestían. Sus zapatillas de estar en casa estaban elaboradas con material procedente del silbido y la negación de una evidencia que dice que su Sevilla ha batido algunos récords, como el porcentaje de victorias o el que más veces ha ganado como visitante.
Dos horas más tarde del primer pitido del colegiado, en sala de prensa se presentaban con los uniformes permutados. El erudito Pellegrini había sufrido tal amnesia, su sapiencia resultó tan alterada, que los ejecutores contemporáneos, lápiz y papel en mano, decidieron rebajar su reputación, canjearle la estilosa americana por una bata de guatiné y su elegante calzado por unas alpargatas viejas. Así, con las portadas del día siguiente, este alfabetizado personaje, recibía el primer aviso. Unos minutos más tarde, una luz cegadora anunciaba la presencia de Manolo Jiménez. Su discurso, otrora carente de sutileza verbal y vacío de contenido, apareció refinado y trascendente. Lucía un modelo de pasarela, prácticamente había inventado este deporte.
Así se estima el valor de las personas, a través de cambiar tantas veces como sea necesario con tal de generar opinión y venderla. Ajustamos la aptitud de los individuos, su nivel intelectual, a nuestros intereses. Lo que era bueno, en centésimas de segundo, pasa a ser sospechoso, o porque ya no es articulo negociable o para que se pueda revender mejor con la máscara del fracaso.
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