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ENRIQUE LÓPEZ Cada quince días lo que se ve en el Estadio de Los Cármenes se parece más a un equipo de superior categoría. El dominio que el Granada CF ejerce sobre sus rivales cuando juega como local no se recuerda en Granada en mucho tiempo, pero lo que la afición siempre valora es de la entrega y de la presión que ejerce el equipo de Tomé sobre el rival para recuperar el cuero y eso, al menos en la jornada de ayer se vio constantemente.
Sólo así se explica, una semana más, que el Granada CF termine con más faltas cometidas que su rival, cuando el que expone, el que siempre lleva la iniciativa en el juego y busca la portería rival asiduamente es el conjunto rojiblanco. Nada menos que el doble de faltas cometidas por los locales (14 por 7) en el primer acto, demuestra que los cimientos de este proyecto están en la recuperación cuanto antes mejor del esférico para explotar a partir de ahí las enormes posibilidades ofensivas del este Granada.
Pero el encuentro no comenzó nada bien y recordó al primer tramo de la temporada: primera llegada del rival y primer gol. Una pesadilla que tardó Amaya en convertir en sueño feliz sólo dos minutos después, en el segundo disparo entre los tres palos de los de Tomé. Fue el segundo porque vino de un primero que Ávila despejó bajo palos antes de que Amaya igualara. Y es que la clave del partido pudo estar en la reacción que tuvo el equipo tras el gol del Marbella. No sólo por el empate sino por el cerco que puso el Granada sobre el área del guardameta malagueño. Fruto del dominio llegó el segundo tanto obra de Felipe en el tercer lanzamiento a la portería rival.
Se puede decir que la eficacia goleadora fue casi intachable, aunque en el gol del menudo media punta, Ávila, al que no se le da bien Los Cármenes -hace dos años 'se comió' un disparo blando de su compañero Jorge García-, echó una mano. Dos goles con cuatro disparos entre palos, para un total de siete en los primeros cuarenta y cinco minutos demuestra el dominio rojiblanco sobre los de ayer vestidos de negro. Pero el dato que refleja sin duda alguna dónde jugó gran parte del choque los granadinos fueron los veintidós balones colgados al área, por seis de su rival, en el primer acto. Todo lo contrario que los de José Luis Montes, que al margen del gol de Adri, únicamente pusieron en algo de apuros a un nervioso Raúl Fernández en una ocasión más, al margen del disparo al palo de Carlos Rivera. Ávila, sin embargo, no tuvo una tarde tan cómoda dado que tuvo que emplearse a fondo en cinco ocasiones además de sacar tres goles de sus mallas.
El tercer tanto de Dani Benítez, con su pierna mala, dejó casi sentenciado el duelo antes de una segunda parte donde el ritmo de ocasiones y llegadas al área bajó algo, aunque no tanto en disparos a puerta como. Se buscó la portería rival en once ocasiones, por diez en la primera mitad, pero eso sí, el porcentaje de acierto fue muy similar: dos nuevos tantos por cinco disparos entre los palos.
El Marbella puso algo de incertidumbre con el tanto de penalti materializado por Moreno en el único disparo del cuadro de Montes en la reanudación. Es éste, sin duda, el aspecto que debe mejorar el Granada CF en lo que resta de temporada. El conjunto más goleado del grupo y en puestos de descenso no te puede hacer dos tantos con la facilidad con la que lo hizo el Marbella. Hay mucho tiempo por delante, pero dos goles en casa en una hipotética eliminatoria de ascenso, donde se supone que el nivel y la resistencia del rival será mucho mayor que la opuso ayer el cuadro costasoleño, te pueden condenar a no cumplir el objetivo.
Por otro lado, una vez más, el tradicional disparo al palo de los rojiblancos no faltó a su cita. Jonathan Granada no quiso ser menos que Carlos Rivera, y su enorme disparo se estrelló con violencia en el larguero de Ávila, que poco pudo hacer para evitar el golazo de Tariq, un futbolista cuyos intangibles hay algunos que siguen sin verlo y que logró el cuarto gol de su gran temporada. Al igual que Berrocal, que como los disparos al palo, también es un habitual cuando se juega en Los Cármenes.
Las sietes subidas por banda de Rubén, cada vez más en forma y valiente en ataque, la evolución de Nyom, o los numerosos balones recuperados por Álvaro Cámara en la medular, convierten a este Granada CF en un rival que asfixia a sus rivales, crea ocasiones por doquier y enamora a un parroquia cada vez más entregada.
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