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ALBERTO FREGENAL
Un equipo es un estado de ánimo. Al igual que cualquier otro colectivo, su buen funcionamiento radica en un complejo sistema formado por individuos que elaboran un engranaje capaz de conseguir las mejores representaciones. El problema de todas las máquinas sociales es que el total nunca es el resultado simple de la suma de sus partes, existen otros factores de todo tipo que influyen de manera determinante (motivacionales, perceptivos, cognitivos y emocionales).
Por este motivo, para formar un equipo no basta con reunir una enorme cantidad de individuos talentosos y ponerlos a jugar. Sobre el papel siempre nos impresionan los fichajes con nombre, las estrellas llegadas de otros equipos, pero olvidamos con facilidad que son piezas sacadas de otras máquinas donde encajaban a la perfección. Al incorporarlos a nuestro engranaje los intentamos ensamblar atropelladamente y les exigimos que funcionen de inmediato como lo hacían antes.
La labor de un entrenador es dificilísima y cuando se encuentra de golpe con veinte fichajes, muchísimo más. Veinte chicos llegados de distintos lugares y de diferentes categorías. Un entrenador como Tomé, con dos décadas de experiencia en los banquillos y un amplio conocimiento de la Segunda B, sólo necesita tiempo y autoridad.
Después de decenas de pseudo-proyectos que han pasado por Granada en los últimos años, aún no hemos aprendido que nunca han funcionada los cambios drásticos. El Granada CF el único club capitalino de toda la comunidad andaluza que no ha pisado el fútbol profesional en los últimos 22 años. Por algo será. La mala suerte no dura tanto. Las decisiones agónicas eran comprensibles en las temporadas precedentes, cuando acuciaba la deuda financiera y la consigna era ascender o desaparecer. Pero en el punto de inflexión histórico que hoy vive la entidad no debemos seguir jugando a la ruleta rusa simplemente por inercia. Parece que nos hayamos habituado a vivir al límite y que encontremos un cierto placer en cargar con presión añadida.
Hay que ser conscientes de que hoy en día tenemos la inmensa fortuna de poder desarrollar un verdadero proyecto de club y, al fin, disfrutar del fútbol como espectáculo sin que el resultado de cada domingo suponga la vida o la muerte de la institución.
Tras tantos años esperando un ascenso que no llega, hay que contemplar la posibilidad, sólo como posibilidad, de que no se produzca tampoco este año. Sería una forma de decepción sin desesperación. De este modo, seguro que el equipo agarrará confianza y el entrenador podrá tomar decisiones limpias, libre de estrés; y los aficionados seremos espectadores y no sufridores.
Este equipo va a dar espectáculo, va a ganar muchos partidos y va a llenar Los Cármenes, estoy completamente seguro. El estado de ánimo es tan variable como el viento y cuando se torne positivo todo va a cambiar. Los jugadores nos parecerán mejores y los autogoles caerán a nuestro favor. Todo aquél que presenciara el primer partido de Liga contra el Estepona sabe que la plantilla tiene un exquisito jugo dentro. Sólo se precisa de una racha de cuatro victorias, dos en casa y dos fuera. Cuando ésto ocurra ya no habrá quien los frene.
Entonces llegará la autoridad, que se trata de un concepto intuitivo basado en percepciones, en sensaciones, en detalles subliminales. Depende de los hechos más que de las palabras. Es algo muy fácil de quitar y muy difícil de generar. Ella será la clave de la temporada.
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