C. LANDA
Si en la historia del Granada CF hay un portero de los que se puede considerar como mítico debemos mirar hacia el norte de España. Allí arriba, en Urduliz (Bizkaia), encontramos a un gran hombre, ya jubilado, con 63 años y llamado Francisco Javier Izcoa Buruaga. Sigue casado con Maria de los Ángeles, como él dice. Tiene a su alrededor a sus tres hijos, "dos de ellos nacidos en Granada", además de "una nuera, dos medio nueras y mi nieto". Izcoa llegó procedente del Real Zaragoza y defendió la elástica rojiblanca desde la temporada 1971-72 hasta la 1975-76 en Primera división. Ya ha llovido desde entonces.
"Actualmente estoy jubilado. Estuve entrenando a varios equipos, entre ellos el Loja y Granada 74, y trabajando en una compañía de seguros", comenta de forma relajada, todo lo contrario que cuando defendía el portal rojiblanco. Sin tantas tareas que realizar, el abuelo Javier indica que ahora lo que más le seduce es "vivir tranquilamente atendiendo a mi nieto, la huerta de mi consuegro, y cultivar la salud y la cultura para saber más cuando me muera".
Asegura que "no voy mucho por Granada, pero estoy al tanto de todo lo que pasa", aunque le gustaría "hacerlo más a menudo". "En el año 2004, que es la ultima vez que estuve, estructuralmente la encontré parecida", dice.
Aunque viene poco por la ciudad de la Alhambra, Izcoa afirma que "al ser una ciudad pequeña, casi siempre encuentro a mis antiguos amigos y compañeros por la calle. Pero es obligatorio un abrazo para Rafael Blanes y María, ademas de una escapada al restaurante La Mimbre y charlar con Félix". "Once años en un equipo de fútbol que ha pasado por Primera, Segunda y Segunda B dan para muchas anécdotas. Estas cosas se recuerdan sentados en una mesa y tomando unos vinos", comenta el veterano guardameta.
Remorando. De la vieja época, Izcoa recuerda con los que mejor se entendía: "Creo que en ese sentido he tenido mucha suerte, pero como siempre te olvidas de alguien es mejor no nombrar a nadie, pero voy a hacer una excepción con ´Falito´ un lateral fantástico y mejor amigo".
Él no metía goles, ni tenía que cubrir a nadie. "A mí, simplemente me marcaban goles", dice sonriendo ahora. En los partidos, sus cabreos eran monumentales.
Según cuentan, la camaradería en esa época en el vestuario era grande. "Como en todas las situaciones de la vida todo depende de los resultados. Pero sobre todo en pretemporada sí había mucha unión y bastante sed después de tres entrenamientos al día", explica Izcoa.
La situación en esa década en la que el meta vasco estuvo en el Granada dista mucha de la actual, aunque amanecen tiempos mejores, al menos esa es la esperanza. "Han pasado casi treinta años y los consejos se tienen que acabar para dar paso a las soluciones en una maquinaria tan compleja como es el fútbol actual.
Pero si otros equipos han salido, caso del Málaga, por qué no va a ser lo mismo en nuestro añorado Granada CF", asevera Javier Izcoa, quien marcó un antes y un después en la portería rojiblanca.