ENRIQUE LÓPEZ
Han tenido que transcurrir siete jornadas para que los asiduos al Estadio de Los Cármenes puedan comprobar el verdadero potencial del Granada CF. Poco más de un mes en los que el cuadro rojiblanco ha mostrado una gran irregularidad que espera no volver a repetir más en lo que resta de competición. Porque si algo se le achacaba al histórico era los problemas que tenía para generar ocasiones de gol y sobre todo materializarlas.
Pero ayer todo salió casi perfecto, y el equipo fue muy superior a un Águilas de Juanjo Enríquez que mucho tendrá que mejorar si no quiere perder la categoría antes de que termine la Liga. Dicha superioridad quedó reflejada a lo largo de los noventa minutos de juego no sólo en el campo, sino también en los números del partido.
El equipo de Tomé comenzó con poco ritmo, escasa intensidad y sin continuidad en el juego, fruto de las excesivas interrupciones en el juego por las constantes faltas que el colegiado extremeño López Acera, de mal recuerdo para el aficionado rojiblanco, señaló.
Y es que si hay un dato curioso del choque de ayer es que el Granada CF no sólo cometió más faltas que el Águilas, sino que vio además cinco amarillas por dos del cuadro murciano. Y eso que la iniciativa en el juego fue totalmente rojiblanca y buscó constantemente la meta aguileña, pero aún así, cometieron dieciocho faltas, cinco más que su rival.
Numerosas ocasiones. Pero el mejor dato de la jornada de ayer fueron las numerosas ocasiones de gol generadas por los de Tomé y sobre todo que la puntería poco a poco se va afinando. Normalmente será complicado tirar tanto a meta como ayer -nada menos que en veinte ocasiones- pero lo que sí hay que buscar es que dichos lanzamientos vayan entre los tres palos y eso, al menos ayer, se consiguió con creces y lo mejor, con distintos futbolistas, lo que demuestra el potencial ofensivo del equipo formado por Quique Pina y Juan Carlos Cordero.
Los rojiblancos anotaron siete goles, pero pudieron ser algunos más tras lanzar quince veces al arco defendido por Tudela, que casi intervino lo mismo que Raúl Fernández aunque tocó mucho más el cuero, sobre todo para sacarlo de su red.
Eso sí, no podía faltar un nuevo lanzamiento al palo, aunque también en eso hubo una novedad y es que fue el cuadro rival el que lo envió. Todo hubiera sido perfecto si no llega a ser por el tanto encajado, una vez más, en casi el primer acercamiento del rival y sin apenas oposición de Mainz y Amaya en el corazón del área.
Son acciones que no se terminan de corregir y que han costado en el primer mes de competición muchos puntos. Ayer no tuvo trascendencia en el marcador, pero seguro que Tomé ya está tratando de corregir ese pequeño detalle de cara a próximas citas.