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JAVIER AGUILERA Dicen que la suerte en el fútbol no existe, aunque si los precursores del tópico se hubieran pasado ayer por el Alfonso Murube su visión cambiaría. El Granada CF se dio de bruces en Ceuta con toda la mala fortuna que uno se pueda imaginar: dos goles en propia puerta, y ambos en momentos claves del encuentro.
El motivo de la derrota, segunda en la Liga y que vuelve a dejar al súper equipo nazarí más lejos que cerca de la cabeza, no hay que encontrarlo sólo en el dios azar. Los de Tomé desperdiciaron el primer cuarto de partido, no acertaron cuando tuvieron sus ocasiones y en la última media hora, tras el 2-1, fueron incapaces de acercarse con peligro al portal local, mostraron su lado más oscuro y desesperante.
El encuentro se asemejó bastante a los dos anteriores disputados fuera de casa por el Granada. Fue un calco al del Sevilla Atlético por el gol en contra, el empate y el mazazo del 2-1 cuando lo más cercano era voltear el marcador; y similar al de Écija porque el plantel mereció más y ofreció, pese a adolecer de continuidad, una aceptable imagen.
La otra valoración que deja el choque es que hay futbolistas en el Granada que no cogen el paso ni con un tambor. Da la sensación de que Felipe, Dani Benítez, Óscar Pérez y alguno que otro no le han cogido el ritmo al equipo rojiblanco o a la categoría.
El inicio. El Granada tardó demasiado en acomodarse a un terreno de juego rápido y más que aceptable para el agua caída, aunque más pesado con el paso de los minutos. Hasta el ecuador de la primera parte se mostró impreciso, muy errático, acelerado sin motivo cuando tenía la pelota. Los tímidos escarceos ofensivos ceutíes no intimidaban a una segura zaga rojiblanca, negra ayer al vestir con su segunda equipación.
El primer disparo entre los tres palos llegó a los 24 minutos, un cabezazo de Tariq que mandó a córner Ramón cuando se colaba en su portería. La ocasión espoleó al Granada, que empezó a encontrar la regularidad que le faltaba en ataque. A los 27, un Lucena disfrazado de Cristiano Ronaldo lanzó una falta directa de forma excepcional al larguero.
Siguió el asedio visitante, pese a que Raúl Fernández tuvo que hacer el paradón del partido tras disparo a bocajarro de Fran Amado (37´). Ramón le respondió con otra estirada perfecta a disparo lejano de Dani Benítez (44´).
Cuando los nazaríes ya pensaban en el intermedio insatisfechos con el 0-0, comprobaron que todo puede ir a peor. Después de un saque de esquina a favor, la contra ceutí acabó con un centro de Aarón Bueno y el balón se estrelló, con muy mala fortuna, en el rostro de Mainz antes de entrar suavemente en la portería, y de que el árbitro pitara el descanso.
El Granada salió de los vestuarios como una moto (de las que pilota Rossi no Sete). Empezó a verse al equipo que se espera pero que en lo que llevamos de Liga sólo ha dejado muestras de su enjundia con cuentagotas. Tuvo el balón, presionó al rival, trianguló, llegó al área, mas muy pocas veces remató. Una de ellas fue a los 48 de juego, cuando centró Rubén, Tariq lo hizo de cine en el área y Torrecilla empató.
Aunque sin opciones claras, el campo ceutí siguió volcado hacia la portería local.
La buena suerte puede hacer a uno millonario si le toca el Euromillón, la falta de azar provoca que después de marcarse un gol en propia puerta, y cuando el equipo se come a su oponente, un ataque esporádico del Ceuta acabe con un centro mordido, un balón ´mu malafollá´ que bota mal y da en la espinilla del defensa y una dirección contraria a la pensada. Javi García batió a Raúl en el 1-2, y se terminó el partido.
Las entradas de Berrocal, Felipe y Óscar Pérez no mejoraron a un Granada incapaz ante la bien colocada defensa norteafricana. Sólo un disparo de Berrocal que se marchó fuera (65´) hizo soñar con un empate que hubiera sido justo. Media hora final mala, sin chispa ni ideas, que enturbió la hasta entonces aceptable actuación del equipo y deja el balance de fuera de casa en un penoso punto en tres partidos. El Ceuta incluso desperdició un par de ocasiones clarísimas de jugadores a puerta vacía o solos contra Raúl, para hacer el tercero.
Para colmo de males, Lucena fue expulsado por dar una ´patadita´ sin balón al provocador Pepe Martínez cuando estaba de delantero centro como recurso a la desesperada de Tomé. Ahora jugará Amaya y le volverá a tocar banquillo. Todos sus méritos, ayer estuvo otra vez inmenso, al carajo por una estupidez.
La semana de tres partidos la cierra el Granada con un empate, una derrota y una victoria; el ciclo vital de Tomé acaba en Ceuta sin conclusiones claras: tiene el mismo crédito que antes porque no llegan ni la mejoría ni los resultados. Ahora empieza el ciclo murciano (Águilas, Ciudad y Sangonera) y no se puede fallar más.
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