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HEMEROTECA » |
ENRIQUE ÁRBOL Jugar un miércoles a las nueve de la noche no pega mucho. Digamos que rompe el ritmo salvo que se trate de la ´Champions´ y eso son otros López –que todo llegará. Las cosas se harán cuando se tengan que hacer, que diría un presidente anterior–. Alarga el día demasiado y llega uno al campo irritado por las prisas, los coches, el aparcamiento, el metro… es de esos días que al alcalde no para de pitarle el oído.
Dicen los cronistas taurinos de Madrid que uno de los grandes inconvenientes de la Feria de San Isidro es que se trata de la única del mundo que no se celebra en fiestas, que la gente llega a los toros después de un largo día de trabajo, sin botas de vino ni trajes de gitana.
Llegan cabreados, en una palabra, más pendientes de la pifia que de los detalles toreros, como si disfrutasen más con la desgracia ajena que con el triunfo. Vamos, tanto es así que las orejas parece que se las cortan a los del público en lugar de a los toros.
Muchos de los que anoche acudimos a Los Cármenes no habíamos pasado por casa desde que salimos al amanecer. Muchas horas con la misma ropa, zapatos ajustados, pies castigados, olores acumulados... Como en el tendido siete de Las Ventas, mucha gente llegaba crispada al estadio, a la espera de pitar a las primeras de cambio.
Después de cuatro jornadas de competición hay quien no concede más tiempo de ajustes y pide ya resultados. Y sí, se escucharon algunas voces críticas en torno a la figura de Tomé, y si aún no ha habido en momentos puntuales ya habrá cantos populares con los que debe convivir de vez en cuando el entrenador.
Era indispensable mirar al palco. Ignacio y Joaquín Rubio no estuvieron en Écija por motivos personales pero regresaron ayer. Estaba la gestora al completo. Me pregunto por qué este lunes no se reunieron, empiezo a notar que el ambiente entre todos ellos no es el que era. El fútbol les une, al menos una vez cada dos semanas. Cuerva está haciendo las maletas y se irá cuando deje resuelto el concurso de acreedores y cumpla así la promesa que se hizo a sí mismo y a su memoria cuando decidió embarcarse en esta locura: luchar por la supervivencia del Granada CF.
Una vez lograda la reducción de la deuda con Hacienda y Seguridad Social y obtenida la conformidad de pago de Gino Pozzo, Ignacio se irá. Ya está decidido. Debe hacerlo con elegancia y naturalidad, como es él. Como es la gestora.
La pregunta es, ¿quiénes se marcharán con el presidente? Todos fueron fichajes de Ignacio, ¿se verán obligados los demás a dimitir? Veremos. Me gustaría que siguiese quien realmente esté entregado a la causa, dispuesto a quitar tiempo a familia y negocios para dedicarlo al Granada. Esto es muy duro, y lo saben.
A todo esto, el partido transcurrió en orden, según lo previsto. Hay tres puntos más en el zurrón y ya llueve menos, como era de esperar. El público, que a estas alturas ya no espera grandes goleadas y paseos militares, se supo adaptar a las condiciones del rival y a las exigencias de cada momento del partido. Si tocaba protestar, pitar, aplaudir, cantar… se hacía con garbo. Estuvo bien la noche. Los aficionados saben que atravesarán juntos por muchos sustos y sufrimientos antes de la juerga final. El fútbol nos une a todos.
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