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REDACCIÓN Alejandro Valverde (Las Lumbreras de Moteagudo, Murcia, 1980) tiene en su mano, al fin, su primera grande. Nadie habría pensado que el premio, tan merecido, le llegaría al ciclista murciano a los 29 años. Especialmente después de su explosivo aterrizaje en el ciclismo profesional, en 2002.
Tras arrasar en la categoría amateur, Valverde dio el salto al profesionalismo de la mano de Vicente Belda en el equipo Kelme. Y, con sólo un año en el conjunto levantino, en 2003 demostró su tremendo potencial al subir al podio como tercer clasificado de la Vuelta a España.
Para entonces, ya estaban perfilados los rasgos que le caracterizarían como corredor: un espíritu ganador ilimitado, una potencia que le permitiría disputar llegadas masivas junto a los velocistas y las clásicas frente a los grandes especialistas, y una capacidad escaladora que le igualaba a los mejores cuesta arriba.
Sólo quedaba pulir el diamante. Y quién mejor para ello que de Eusebio Unzué. Cuando recaló en el Caisse D’Epargne ya había sumado otro puesto de honor en la Vuelta a España de 2004, cuando fue cuarto.
Instalado en la antigua casa de Miguel Indurain, su explosión como futuro rival a batir en las grandes vueltas parecía cuestión de tiempo. Siguiendo el guión que marcó José Miguel Echávarri en la evolución del propio Indurain o de Abraham Olano, la paciencia era una de las claves.
Pero, la impetuosidad ganadora de “Balaverde”, en cualquier caso, no conocía barreras. En 2005, cuando el domino de Lance Armstrong en el Tour de Francia, aunque absoluto, parecía abocado a un próximo final, Valverde arrebató al estadounidense la primera etapa de montaña de la “Grande Boucle”, con final en Courchevel. No pudo finalizar la carrera por problemas físicos, pero fue toda una señal.
Sin embargo, las fuerzas dedicadas a la disputa de algunas de las grandes clásicas parecieron desviar a Alejandro del camino de las grandes vueltas. En 2006 se apuntó la Flecha Valona y la Lieja-Bastogne-Lieja, un éxito al alcance de muy pocos. Pero no pudo brillar en el Tour, obligado de nuevo al abandono. Trató de sacarse la espina en la Vuelta y consiguió un segundo puesto, por detrás del kazako Alexandre Vinokourov.
Segundo plano
El ciclismo, tozudo, parecía negar la oportunidad que Valverde merecía. El Tour de Óscar Pereiro, y los que llegaron de Alberto Contador y Carlos Sastre, acabaron relegando al murciano a un segundo plano del ciclismo nacional. Pese a que volvió a ganar la Lieja-Bastogne-Lieja en 2008, su participación en el Tour ese año, así como el anterior, no estuvo a la altura de sus posibilidades.
Cuando, por fin, parecía colocar a la ronda gala en el centro de sus miradas, el Comité Olímpico italiano le sancionaba, impidiéndole participar en la edición de este año, por atravesar tierras italianas.
Sin margen de actuación, y tras vencer a Alberto Contador y Cadel Evans en la Dauphiné Liberé, al murciano le quedaba la Vuelta como una prueba de fuego. Consciente de la importancia de la carrera, Valverde extrajo lo mejor de sí mismo para imponerse a un cartel de lujo y reivindicar su figura en el pelotón.
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