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HEMEROTECA » |
ENRIQUE ÁRBOL Gino Pozzo estaba en la grada. Sí, sí, no era broma. El rumor de la presencia del italiano en el palco se había extendido a toda velocidad y el público rojiblanco festejaba su visita con cánticos de bienvenida. No era para menos: el mismísimo salvador de Granada CF estaba en la grada de la Ciudad Deportiva del Sevilla, el hombre que ha elegido Granada entre todas las ciudades como el lugar adecuado para gastar su dinero y desarrollar un proyecto deportivo. Un multimillonario desenvolviéndose con naturalidad bajo una jaima de campito de pueblo. Milagroso. Y prueba demoledora para algún descarriado que aún desconfiara de sus intenciones y seriedad.
De haber conocido Del Nido la insigne vista, seguro que habría colocado el encuentro en Nervión para acompañarle él mismo, que siempre vienen bien estas amistades. Y habrían limpiado un poquito las gradas y no hubiesen hecho esperar tantos minutos a la prensa granadina a pleno sol, que más pareció estar retenida en el aeropuerto JFK de New York que en la puerta de la que ellos mismos llaman “la ciudad deportiva donde se forman los jugadores del mejor equipo del mundo”. Toma ya, de Sevilla al ‘sielo’. En pleno sopor de la espera, estuve tentado por contarles a los guardias de seguridad el chiste del cura granadino en Sevilla –buscar en google, merece la pena– pero entendí enseguida que no encajaría demasiado con el buen rollo del momento.
Como un equipo de verdad. A la diez de la mañana llegó el Granada CF a la Ciudad Deportiva en un autobús de camuflaje, sin escudos a la vista. El primero en bajar fue el míster, Tomé, que viajaba en la primera plaza del autobús, delante de Roberto Cuerva y el resto de la plantilla. Silencio, caras serias, auriculares, cada uno buscando la concentración a su manera, y todos vestidos con pantalón negro deportivo y camiseta blanca. Vistos de espaldas, todos juntos, pareció al fin un equipo de fútbol de los de la tele.
Media hora más tarde, como a las diez y media de la mañana, comenzaron a llegar los autobuses de los casi setecientos valientes que salieron al alba para ver a su Granada. Atravesaron la A-92 a grito pelado, ensayando cánticos de victoria, bebiéndose a tragantones el sueño de seguir vivos y volver a ser importantes. Poco importaba el rival y hasta el resultado porque la expedición de aficionados rezumaba optimismo, destilaba ilusión… como seguros todos de una temporada de alegrías y éxitos. Sevilla aparecía en el camino como la primera estación hacia algo grande. Sólo eso.
Preferencia rojiblanca. En unos minutos, la tribuna portátil de Preferencia ya estaba pintada de rojiblanco. Camisetas del histórico, torsos descubiertos… y muchos paraguas que ayer fueron sombrillas muy cotizadas. El sol caía de macetilla, con mala saña, como azotando todo lo que salía a su paso. La zona habilitada para la prensa estaba en la tribuna, a la izquierda del palco, pero no tenía toldo. El panorama era entre cómico y espartano, librándonos de una insolación segura con capirotes hechos de La Opinión –el periódico– y gorras donadas por un alma caritativa.
Regresó Ignacio Cuerva. Regresó Ignacio Cuerva. Me encantó volver a ver al presidente Cuerva, de verdad. El palco sin él no es lo mismo. Regresó el viernes de un viaje profesional a Panamá y ayer estaba ya con el mono de trabajo puesto. Sin corbata, risueño, garboso. Feliz. Le invité antes del partido a que se girara y mirase la grada del otro lado del campo, todita rojiblanca, le insistí en que todo aquello era gracias a su valentía y al trabajo que ha liderado en la junta gestora. Y le dije que su padre debe estar muy orgulloso de él.
El público de Granada se mostró bullicioso e incombustible durante la primera parte. Media hora de juego aceptable y muchas ocasiones, hasta que un mal pase originó el golazo de Carreño. Mazazo en la grada. El empate de Mainz fue recibido con júbilo y aires de revancha pero un nuevo regalo nos llevó a todos a la lona cuando menos lo esperamos. Fue como un ‘crochet’ lateral a la mandíbula de los que te dejan k.o.
Pero Pina y Cordero son hombres de fútbol. Ni magnifican en la victoria ni dramatizan en la derrota. Pina lucía un semblante agradable junto a Gino en la puerta de la sala de prensa y apenas mencionó el resultado, si acaso las sensaciones que transmitió el equipo. A Pozzo le intuí cómodo, con pinta de ilusionarle mucho todo esto. Por eso, querido Gino, usted que es un hombre de fútbol seguro que no está preocupado por la derrota y sí quedó muy contento con todos los ‘tifossi’ que arrastra el Granada CF. ‘Non ti preocupare, Gino, tutto va bene’.
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