JOSÉ MIGUEL OLIVENCIA
Parece mentira que algo pueda salir tan rematadamente mal como lo que le ha ocurrido al Granada 74 en las dos últimas temporadas. Hace ahora algo más de dos años, Carlos Marsá, fundador y presidente del CP Granada 74 desde 1974, se atrevió a hacer lo que nadie había hecho hasta entonces. Valiente y con dinero en su bolsillo, Marsá se lanzó a la compra de la Sociedad Anónima Ciudad de Murcia, conjunto nacido años atrás a la sombra del histórico Real Murcia y que había logrado una impresionante progresión deportiva hasta quedar cuarto clasificado en Segunda División en la temporada 2006-07.
El verano dejó en la capital y en el resto de España un mar de dudas sobre la legalidad de la operación, aunque finalmente –no antes sin pasar por el Tribunal de Arbitraje Deportivo– Marsá logró ver a su Granada 74 SAD en Segunda y debutar en el estadio Ramón de Carranza el último fin de semana de agosto de 2007.
Problemas. A pesar de su buena voluntad y de haber logrado pasar por encima de la Federación Española de Fútbol, el camino del 74 SAD en Segunda no fue fácil, lo que hizo que los nervios se adueñaran de las oficinas de Almanjáyar y los técnicos comenzaran a salir por la puerta de atrás.
Malos resultados, nervios y faltas de cobro produjeron que la única salida del proyecto en Segunda –ambicioso y con ganas de llegar a Primera– acabara en Segunda B.
Tras su efímero paso por la categoría de plata, las miras del proyecto cambiaron considerablemente la pasada temporada. La austeridad y la cantera lo marcaron todo, un todo que en las próximas semanas puede echar la persiana por una deuda con los jugadores de más de 1,5 millones de euros.