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FRAN EXTREMERA A las múltiples ventajas de practicar senderismo como medio para estar en forma y para atravesar parajes turísticos de incalculable valor medioambiental, en Frigiliana se han propuesto añadirle una nueva, la de descubrir cómo de difícil era en ciertas épocas ganarse la vida en el municipio, mediante el comercio clandestino con la rica vega granadina.
Aquello también podía denominarse senderismo, pero se practicaba para sobrevivir. "El estómago prácticamente estaba vacío y las mujeres que salían temprano con cargas a la cabeza, para venderlas en pueblos como Fornes, llevaban mucho más kilos de los que pueden pesar nuestras mochilas". Lo explica el monitor de la concejalía de Deportes, Antonio Sánchez, cuyos antepasados fueron arrieros y emplearon también animales de tiro, principalmente mulos de carga, para traer el cereal granadino como materia prima para elaborar pan.
Más de medio centenar de residentes y foráneos parten por carretera, poco antes de la medianoche, hacia las vegas más occidentales de la comarca granadina del Poniente, donde se localiza el embalse de los Bermejales. "La temperatura diurna en esta época es tan alta que para completar la treintena de kilómetros de camino hasta Frigiliana es preferible andar de noche y terminar la ruta antes del mediodía".
Luis Fernández o Nuria Pareja comparten la travesía con mujeres de origen inglés como Paula Welsh. Unos y otros se quedan perplejos al ver la caminata que tienen ante sí. Se parte del centro de interpretación de La Resinera, cerca de Fornes, a 880 metros de altitud, y en un primer tramo de ascenso se coronará la cima del Peñón del Cuervo, a 1.455 metros. La marcha no obstante, provistos todos de linternas, se completa a buen ritmo. Para las cinco y cuarto de la mañana ya está la expedición arriba, dejando el denominado puerto de Frigiliana en las faldas de esta cumbre de magníficas vistas de toda la Axarquía.
"Hemos ido a buen ritmo y lo que más ha sorprendido es saber que hasta aquí se venían con las cargas de pasas y vino dulce a lomos de los mulos o incluso a la espalda. Y luego había que volver a subir hasta aquí con cereales y otras materias. Además había que tener cuidado con la autoridad, porque tras la Guerra Civil y por acciones de los guerrilleros del maquis el comercio llegó a estar prohibido y se consideraba estraperlo". Eran tiempos difíciles, como asegura el historiador Miguel Fernández, interesado desde hace años en cruzar la travesía.
Con los primeros rayos de sol y tras un leve sueño para reponer fuerzas, los senderistas abandonaban el Peñón del Cuervo para dirigirse hacia la aldea del Acebuchal, perteneciente a Cómpeta pero próxima al casco histórico de Frigiliana. En unas cuatro horas y media se descendían, hasta las 11 de la mañana, unos 1.000 metros de desnivel. El enclave turístico del Acebuchal, a 515 metros, pone fin a un itinerario de magníficas vistas del litoral y de restos aún en pie de viejas paradas para los arrieros: las ventas de las Angustias, Panadero, Camila, Puerto Blanquillo, Cebollero o Tío Pepe.
Fueron 11 horas de paseo y ya se prepara otra ruta para 2010.
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