JAVIER AGUILERA
Una persona capaz de ponerse varias veces en huelga de hambre, de cargar sin pelos en la lengua contra los políticos y empresarios más importantes de la provincia, de comprar un equipo para jugar en Segunda, de plantar cara y ganar la partida a los mayores organismos del fútbol europeo, de tirar 20 millones de euros a la basura, de tener a jugadores y empleados casi un año sin cobrar, de... es capaz de todo.
Pero con lo citado y lo que queda en el tintero, se puede afirmar que lo más extraño que ha hecho Marsá en los últimos años es callarse, hacer un voto de silencio como el que anunció el pasado viernes La Opinión y confirmó el propio Granada 74 ese mismo día.
Con el polémico dirigente pasa como con los niños pequeños: si no hace ruido es porque algo trama, si está callado algo pasará en breve. Y todo apunta a que es así, a que el silencio de Marsá, recomendado o voluntario, oculta cosas. Nadie conoce sus planes, ninguno de sus más férreos colaboradores saben cual es el futuro de la entidad ni de su presidente, mas todos son conscientes de que cualquier cambio radical se puede producir. Y podría ser gordo.
El 74, y por ende Marsá, vive su situación más crítica de los últimos lustros. El primer equipo ha pasado en dos temporadas de tocar la elite jugando en Segunda a descender a Tercera. Además, el dirigente se gastó todo el dinero que le reportó la venta de su Ciudad Deportiva Granada 92 y prometió pagar lo que no tenía, hasta tal punto que los dos últimos ejercicios han sido un desastre en el apartado económico.
Rumores sobre lo que va a ocurrir en el futuro hay a montón, aunque seguramente ninguno repare en el factor sorpresa que siempre acompaña a Marsá.
Lo que está claro es que el presidente del 74 aún no ha dicho su última palabra y quiere, por todos los medios, que el equipo que comanda se mantenga en Segunda B, seguir en la principal categoría del balompié provincial. El as económico que tiene en la manga es precisamente la Ciudad Deportiva Granada 92, que podría hasta recuperar al no estar cerrada su venta por los reiterados impagos de la maltrecha parte compradora.
Lo que haga falta. Aunque cualquier fuente de ingreso, los peculiares negocios privados que tiene Marsá inclusive, se vería condicionada por las muchas deudas que arrastra el club, sobre todo la del dirigente con Quique Pina aún de la adquisición del Ciudad de Murcia, el presidente rojillo está dispuesto, si es necesario, a repetir operación compradora para volver a disponer de una plaza, como mínimo, en Segunda B.
También hay quien piensa que el silencio de Marsá, acompañado de alguna marcha atrás en los muchos asuntos jurídicos en los que anda metido, podría abrirle de nuevo las puertas de la Plaza del Carmen, cerradas desde que en uno de sus muchos deslices verbales echó por tierra la avanzada negociación que comandaba Pina para que el 74 jugará en Los Cármenes esta campaña. Y si con Marsá puede pasar cualquier cosa, si está por medio también el Ayuntamiento... Lo que depare el futuro es, más que nunca, una incógnita.