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HEMEROTECA » |
ENRIQUE ÁRBOL Se acabó la aventura. El penar, que dice la copla. De Anoeta a Roquetas en un santiamén. Así de duro para el Granada 74, así de definitivo para Marsá, que parece echar pie a tierra tras tantos vaivenes en tan pocos meses. Esta temporada, residual de la anterior, ha sido un sufrimiento desde la primera jornada, una lucha constante contra los elementos y contra toda lógica: Tras el destrozo económico y deportivo que supuso el año pasado, el desenlace más probable era otro batacazo, otro descenso y hasta una desaparición.
Marsá insistió y embarcó en su sueño roto a otros inocentes que también han terminado estrellados y con los bolsillos vacíos. Muchas familias que han malvivido este año víctimas de los inestables proyectos del fútbol, cimentados casi siempre en los delirios de dirigentes irresponsables más que en certezas y balances. Ha pasado en el 74, en el Granada CF y en otras ciudades y pueblos que dejan bajo cero la credibilidad de los gestores del balompié. De vergüenza, vamos.
La necesidad obliga. El Antequera debía llevar el peso y no vaciló. Ya en el primer minuto, el árbitro anuló un tanto por fuera de juego en lo que fue toda una declaración de intenciones. Como si del estadio El Maulí se tratara, La Victoria se vistió de blanquiverde, coreó las jugadas visitantes, sufrió con los errores de Popo y no se cansó de buscar la permanencia.
En el minuto 13, Popo quitó la pelota a Choco, gambeteó y chutó fuera con todo a favor. El menudo delantero gozó de otras dos ocasiones claras en la primera mitad pero una vez se encontró con Darío y en la otra definió mal (38´ y 45´). El 74, por su parte, poco tenía que decir. Desmotivado y desfondado, sólo encontró cobijo en la profesionalidad de quienes vistieron ´la rojilla´ por última vez en Segunda B. Un lanzamiento de Gámiz con peligro fue lo más meritorio del primer asalto (19´).
Salió más entonado el ´sietecuatro´ en la segunda mitad, con Ortiz recibiendo la bola entre líneas y distribuyendo con criterio y peligro. Palmas en la Tribuna del palco para el doble cambio visitante mientras crecía el nerviosismo y la ansiedad para una parroquia antequerana que se jugaba la vida en 90 minutos. Sudaban las manos. Era angustioso sólo mirarles.
Aún más cuando el árbitro señaló penalti en una caída de Ortiz ante Ríchard y Milla anotó el uno a cero en medio de la indignación malagueña. El Antequera lo intentó con fe y tuvo ocasiones de todos los colores mas no encontró puerta y sí mucho desasosiego. No necesitaba la victoria el ´sietecuatro´ pero el trabajo expuesto dignificó su profesión hasta el último minuto.
Y sí. Marsá insistía la otra mañana en que durante estos dos años "no nos han dejado vivir"? hasta que les han matado. Me pregunto donde estaríamos si Pina llega a vender el Ciudad de Murcia a los empresarios granadinos que negociaron con él antes de la aparición de Carlos. Igual escribiría estas líneas desde Los Cármenes con Torres Hurtado presidiendo el partido. Quién sabe. El descenso acaba con el Granada 74 SAD pero no con el sufrimiento de todos los trabajadores del club? y hace más profunda la herida que desangra el fútbol de Granada.
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