EFE/ RAMÓN OROSA
Aunque ha conseguido un hito deseado como pocos en la histórica entidad de Ibaigane, no tiene este Athletic actual la consideración de otros exitosos equipos muy recordados en los ya más de cien años -exactamente 111- de existencia del conjunto vasco.
Tampoco el técnico sevillano se ha ganado el favor de todo el entorno rojiblanco, que no acaba de estar de acuerdo con el fútbol que ve cada fin de semana ni acaba de entender todas las decisiones que toma.
Aun así, la mayoría le reconoce su idoneidad para el puesto en la etapa de transición en la que cogió el equipo y el éxito de decisiones delicadas en las que arriesgó yendo en contra de la opinión general.
De ellas, quizás la de más calado para la entidad fue su decidida apuesta por Llorente como '9' titular en detrimento de Aritz Aduriz, por entonces más sólido que el ya internacional y finalmente en Mallorca tras una operación que pocos vieron con buenos ojos.
Llorente le ha pagado con creces al de Utrera, que ha visto como su apuesta ha evitado muchos problemas clasificatorios y, además, ha sido clave para llegar a la final copera.
De las primeras cosas que Caparrós hizo nada más llegar a Bilbao, fue reforzar la plantilla con varios fichajes, algunos de los cuales no llegó casi ni a utilizar, y deshacerse de la defensa de las dos temporadas en las que el conjunto vizcaíno coqueteó con el descenso.
Fue dejando de lado a hombres como Aranzubia, Lafuente Expósito, Sarriegi, Prieto y Casas, e incluso a Del Horno, a quien quiso dar una nueva oportunidad en su cesión del Valencia.
Caparrós apostó por otorgar la portería a uno de los nuevos, Iraizoz, colocar en el centro a otro recién fichado, Ocio, con el prometedor Amorebieta y situar como lateral izquierdo a un jugador llegado directamente del Sestao, en Segunda B, Koikili, con quien ha mantenido sus más y sus menos.
No es que haya sido la línea más sólida de un equipo que se ha pasado una vuelta completa de competición recibiendo goles en cada partido, pero sí tiene un mayor plácet de la afición este bloque defensivo que el anterior.
En Iraizoz se adivina un gran meta; Iraola es un lateral que domina muy bien el balón y el juego, y gusta a los grandes equipos; Ocio un veterano demasiado impulsivo, pero muy implicado; Amorebieta un central zurdo llamado a ser internacional; y Koikili destila pundonor por arrobas.
En el medio campo, a Caparrós le ha costado dar con la tecla, aunque ya parece tenerlo claro. Llegó a apostar tanto por un tándem de presión y trabajo, Gurpegui-Javi Martínez, como por otro de posesión y criterio, Orbaiz-Yeste, hasta quedarse con la mitad de cada uno, Orbaiz-Javi Martínez.
Orbaiz, algo mermado en su fortaleza por dos graves lesiones de rodilla, pone el orden, el criterio y la concentración; Javi Martínez, un despliegue físico como pocos y llegada con gol al área rival. Por querer estar en tantos sitios, el de Aiegi a veces no está donde debe, pero el gol que ha ganado últimamente -lleva 6 esta temporada- le hace pieza clave de su equipo con solo 20 años.
En las posiciones de ataque, la explosión de Llorente ensombrece todo. El nivel del delantero nacido en Pamplona es tal que, además de en su gran alegría de los últimos años, se ha convertido en la principal preocupación de los seguidores rojiblancos, no muy convencidos de que el club pueda competir con las ofertas que seguro le van a llegar -si no lo han hecho ya- de los grandes de Europa.
Junto a él, más que complemento o creatividad, Caparrós quiere despliegue, presión y entrega al límite. Por eso ha apostado primero por Ion Vélez