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HEMEROTECA » |
ENRIQUE ÁRBOL No pudo ser más angustioso e injusto el final del partido. El gol de Sufián en el quinto minuto de descuento destrozó los ánimos de un Granada 74 que ya contaba con los tres puntos para pisar de nuevo tierra firme. La euforia se tornó tragedia en el último segundo, como si el gol del Melilla alargara aún más la leyenda gafada que persigue al club de Marsá. De todos modos, el punto sirve para seguir caminando y acercarse a la permanencia, que no es poco.
Debió resolver el partido el Granada 74 en los primeros veinte minutos. Así, como suena. Si el espectáculo de ayer hubiese sido en baloncesto, por ejemplo, el primer cuarto habría terminado con veinte puntos de diferencia y a otra cosa, mariposa. Pero no, esto es fútbol, y este juego reparte las cartas entre tres a partes iguales: los dos adversarios y la fortuna.
Sólo así puede explicarse que la pelota no acabara varias veces en la meta del Melilla, superado y sometido por el conjunto de Carlos María Rodríguez, pleno de recursos, abriendo el campo y encontrado con facilidad la chispa de Moreno y Gámiz, y a un reconvertido Valero que aparecía como segundo punta. Juan Moreno ya chutó con peligro en el primer minuto; Valero remató alto un centro de Moreno (10´); el centrodelantero, omnipresente e inspiradísimo volvió a armar un lío en el área pero se encontró de nuevo con Dorronsoro (17´)? y así hasta acumular siete ocasiones claras de gol en menos de media hora.
Tras la derrota del Lucena el sábado, la motivación de acabar la jornada fuera de la zona descenso era más que evidente. Y como no hubo gol en la primera, tocaba salir en la segunda con la misma actitud e intensidad, que en el fútbol no hay más camino para ganar que marcar goles.
Intentó Molina el tanto olímpico en el primer minuto para demostrar que no estaba de broma. El Melilla, que pareció vulgar y tímido en la primera parte, se estiró y comenzó a causar problemas, sobre todo a través de la velocidad de Acorán y Andrés Ramos, quien se resbaló cuando se quedaba solo ante Camacho (53´). Y continuó el festival Moreno: dibujó una serpentina imposible sobre la pelota y asistió a Molina para que chutara a gol (68´).
Poco después, la expulsión de Juanma Pérez contuvo la euforia colectiva, convertida ahora en precaución, atención y hasta angustia por la necesidad de aguantar el resultado al precio que fuera. Guerra se fue al centro de la zaga junto a Curro Montoya -lento y bajo de revoluciones pero sobrado de calidad- mientras Gúmer se buscaba la vida con Juanma Ortiz en el área rival. Moreno, sustituido y ovacionado, aún disfrutaba recordando sus recortes imposibles.
Como increíble fue la mano que metió Camacho ante el fusil de Acorán mientras los corazones rojillos amagaban con pararse. Susto, nervios, angustia? el crono pareció irse de vacaciones. Hasta que llegó el gol de Sufián como consecuencia del desasosiego colectivo. Dolió mucho al principio pero en frío la lectura era más que positiva: un punto más cerca del objetivo, ya queda menos.
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