REDACCIÓN
El grupo de jazz tradicional Missing Stompers estrenó en el Festival de Jazz de Granada su ambicioso proyecto multidisciplinar inspirado por el viaje del poeta Federico García Lorca a Cuba y Estados Unidos en 1929. Tras una labor de investigación, los Missing han recreado los ambientes musicales que García Lorca frecuentaba a finales de los años 20 en la ciudad de Nueva York. Este trabajo, ilustra con escogidos arreglos musicales del jazz del momento las impresiones que esta ciudad imponente, en plena crisis económica y social, provocaba en el poeta.
Situados tras una gran pantalla del Teatro Isidoro Maíquez y por delante de una segunda, los audiovisuales creados por la directora de cine Mabebe Delgado enmarcaron la actuación del grupo, que en directo y con una sincronía absoluta van recreando el sonido de los bailables (la mayoría) de época. Los Missing se colocan tras el velo transparente, iluminados con sobriedad por luces cenitales y un par de focos blancos laterales que recortaban sus sombras con dramatismo de cine en blanco y negro sin escala de grises.
El grupo y sus colaboradores, el profesor Juan Mata en la asesoría literaria, y la realizadora de las imágenes, han trabajado muy duro en este proyecto, está cuidado hasta el último milímetro, y se nota ambicioso y esforzado, tan sólo en la creación de imágenes, partiendo de dibujos emblemáticas del legado gráfico del poeta se han invertido dos años.
Ellos, la banda, resulta perfecta como elemento vivo de una decoración visual que hasta contempla los tiempos necesarios para que puedan cumplir con la condición imprescindible para que el jazz sea jazz, la improvisación; especialmente aplaudidas en los casos de los saxofonistas, clarinetista y cantante, informa la organización en un comunicado remitido a laopiniondegranada.es.
Se escuchan ‘Black and blue’, ‘Goin to Town’, ‘Misty Morning’ o ‘Mood indigo’, todas del Duque, y Lorca nos habla a través de San Juan de la riqueza racial de la gran ciudad, del horror (ya entonces) del distrito financiero, de la vitalidad espiritual de los afroamericanos… cada impresión que dejó escrita tiene sus imágenes y su música en este gran concierto/espectáculo, que termina, como no podía ser de otra manera sobre el coche de agua negra hacia el Oriente cubano. Las tórridas imágenes de la mayor de las Antillas, del Morro y el Malecón, de los palmerales y sus gentes acompañan la recuperación del primer danzón, (antecedente la música cubana del siglo XX) que se conoce, catalogado en 1830 y dedicado a la a la barriada matancera de Simpson.
Una vez acabado el concierto y siguiendo la tradición de las bandas de música de Nueva Orleans, como, además, el escenario del teatro Isidoro Máiquez lo permitía, el sexteto bajó a tocar entre el público para despedirse como hacen siempre en sus espectáculos de calle, haciendo bailar a los espectadores camino del salida.