JAIME MARTÍN
La cita era en la Filmoteca de Andalucía, o eso pensaban los organizadores del Festival, empezando por el propio director, David López, quien no sin esfuerzo, consiguió traer a Granada al cineasta finés Aki Kaurismäki. Considerado el mejor director de cine del país nórdico, Kaurismäki no se cortó a la hora de pedir un buen vino blanco y algo para fumar. De repente, la charla sobre su película ´La chica de la fábrica de cerillas´ se trasladó a una fría taberna en la que el ácido humor del artista y las preguntas del crítico de cine Gonzalo de Lucas, fueron el aperitivo a la proyección del filme.
"Si en el mundo hay algún masoquista que vea todas mis películas, se dará cuenta de que tratan el mismo tema desde diferentes ángulos. Es el respeto a uno mismo". Con esa presentación, Aki Kaurismäki dio la bienvenida a un público expectante por ver su llamada ´Trilogía proletaria´, que se puede disfrutar durante estos días en el Festival Internacional de Jóvenes Realizadores.
Evitando el humor del finés sobre su propio trabajo, lo cierto es que obras como ´Ariel´ o ´Sombras en el paraíso´ demuestran una fuerte sensibilidad, sutil y respetuosa, por las condiciones de trabajo de los obreros del norte de Europa. Así lo ha entendido el crítico de cine de la prestigiosa ´Cahiers du Cinema´, quien dirigió el coloquio e hizo las veces de destilador con los ácidos comentarios del cineasta: "¿Por qué no has hecho ninguna película en estos últimos años?". La pregunta de Gonzalo de Lucas obtuvo su respuesta tras el trago de vino: "Estoy a punto de terminar mi tercera trilogía. He parado el guión para venir aquí".
Siguiendo en su línea, Aki Kaurismäki protagonizó una tarde en la que no tuvo reparos a la hora de compartir revelaciones más o menos personales sobre sí mismo. "No considero que ser director de cine sea realizar un trabajo. Un par de semanas rodando y el resto del tiempo dando palmadas".
Cerillas y guiones. La película proyectada ayer, ´La chica de la fábrica de cerillas´, está considerada como una de las mejores cintas del finés. "El punto de partida fue una reunión en la que todo el mundo se quejaba de la falta de guiones. Entonces yo cogí mi cigarrillo y, como no tenía mechero, tomé una caja de cerillas. Dije: se puede hacer cine de una cerilla...". Y de ahí nació una historia desoladora en la que una sencilla joven trabaja en una fábrica de cerillas, sufriendo día tras día el mismo trabajo anodino, y no tiene mayor diversión que las pocas noches en las que se escapa de su padrastro para ir a bailar. "Las películas de Finlandia son demasiado positivas, muestran una imágen idealizada del país", expresó Kaurismäki, cuya réplica fue una ´Trilogía proletaria´ audaz y llena de originalidad. "Nadie sabía cómo iba a terminar la película, fue una improvisación".
Pero también ha tenido tiempo el director nórdico para explorar otros géneros, no distantes con el compromiso social, pero sí lejos de esa melancolía propia de sus personajes. El ejemplo más claro es ´Leningrad Cowboys Go America´, una sátira en formato musical que rompe con el esquema del director: "¿Y por qué no hacerla?".
El cine nórdico no es conocido por su efusividad, y sobre esto le preguntaron también al cineasta, que lejos de huir de los tópicos, explicó la siguiente anécdota sobre la gente de su patria: "Había dos hombres de Finlandia que entraron en un bar. Pasaron más de una hora bebiendo, sólo bebiendo. Entonces, uno dijo: ´Parece que va a llover´. El otro contestó: ´¿Hemos venido aquí para beber o para hablar?´". Aki Kaurismäki prometió que uno de aquellos hombres era él mismo.
Así se escribió una charla entre Kaurismäki, de Lucas y el público, que estuvo marcada por el particular duelo entre el finés y el agente de seguridad de la Filmoteca, quien consiguió apagar el cigarrillo del genial director, no sin intentarlo un par de veces.