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HEMEROTECA » |
EDUARDO TÉBAR Son jóvenes. Estudiantes decididos por una vocación clara. Y con un horizonte profesional mucho más complicado que cualquier carrera de números. "Si te matriculas en Bellas Artes, te morirás de hambre", suelen escuchar estos soñadores cuando dan el paso. Sin embargo, no renuncian al propósito de ganarse la vida vendiendo sus creaciones. Todos creen en la máxima de ´el que vale, vale´. Aunque, en su caso, las trabas se multiplican. La trayectoria del artista de prestigio se forja con el tiempo. Necesitan margen y oportunidades. Y mientras tanto, ¿qué hace un recién licenciado en Bellas Artes? De repente, afloran los fantasmas de la crisis económica. Con la que está cayendo, la mayoría opta por seguir en el redil académico y realizar el doctorado.
En esa tesitura se encuentra Reyes Revilla. Con 24 años y el título aún caliente en casa, sigue ampliando sus conocimientos en la UGR. "Lo del doctorado, en realidad, no tiene mucha lógica si quieres dedicarte al arte. Antes no se daba tanto. Hoy en día, como las cosas están tan distorsionadas por todos lados, la gente continúa estudiando. La investigación conlleva mucho tiempo. Desde luego, si tienes prisa por acabar el doctorado, ambas cosas son incompatibles".
Según Reyes, en Granada menguan las posibilidades de sobrevivir dentro del gremio. "Aquí no se puede. Los pocos compañeros que conozco que medianamente viven del arte en esta ciudad, suelen salir a otras partes de la geografía. Trabajan aquí y exponen fuera. La mayoría de los lugares para exponer dependen de instituciones públicas. Sólo un par de espacios se dedican al arte contemporáneo a nivel privado".
Golpes de fortuna. La suerte, como en el resto de ámbitos de la vida, juega un papel importante. "Cuenta mucho en la carrera, sobre todo cuando el estudiante descuida la disciplina". ¿Y luego? "Una vez que acabas, se hace necesario tener algún medio de vida. Del arte no se puede vivir en los primeros años. Lo más importante es exigirte mucho a ti mismo en el proceso de creación. Hay que dedicarle muchas horas. Y todo se complica cuando das tus primeros pasos, ya que uno mismo se encarga de la producción y la posproducción, que requiere mucho tiempo. Esto último no se toca tanto en la universidad y al principio cuesta un poco".
Por su parte, la rumana Anca Luisa, compañera de promoción de Reyes, presenta la misma situación. En breve expondrá su tesis sobre la capacidad de la imagen para alternar conductas. Aspira mantenerse con el comercio de sus obras. No obstante, tampoco hace ascos a la docencia como salida. "Quiero pintar, dibujar y exponer. Mi deseo es participar en concursos y congresos. Estoy haciendo el doctorado porque lo piden para impartir clase en la facultad".
Anca rechaza el discurso catastrofista de algunos de sus compañeros. "No es tan difícil. Si ganas un buen premio, como el Alonso Cano, resulta un empuje importante. Te permite conocer a más gente y que te seleccionen para otras iniciativas. Así se comienza a desarrollar un currículo. Es lo que estamos haciendo todos".
Pluriempleo. A sus 27 años y tras acabar Bellas Artes en junio, el granadino David Pavón se decantó por el camino de en medio: un máster de Dibujos Animados. "Me gusta más el dibujo que la pintura. Es mi verdadera vocación. En Granada lo difícil no es exponer, sino mostrar algo que le interese a la gente. Hay artistas jóvenes con grandes ideas. Se trata de una ciudad en la que puede vivir del arte un grupo muy pequeño que trabaja un determinado tipo de obras".
Independizarse, claro, se antoja casi imposible mientras los licenciados persisten en el seno universitario o se marchan a realizar másteres. "Yo lo he conseguido a medias", sonríe David. Aún sigo estudiando y es más caro porque ya no hay becas. Cuando termine, pienso independizarme del todo. Aunque no se puede salir de la facultad y tener un empleo en esta profesión. Eso te lo da el tiempo y el esfuerzo. Y, por su puesto, la triste realidad es que se necesitan dos trabajos y dos vidas: la de artista y la de un trabajador más".
Por su lado, el murciano Jesús Díaz ve el asunto desde otra perspectiva a sus 36 años. Después de acabar Relaciones Laborales y con un puesto de trabajo, lo dejó todo para empezar de cero en la Facultad de Bellas Artes de Granada. "Somos unos privilegiados por dedicarnos a algo tan bonito como pintar o esculpir. No me quejo". Jesús se licenció hace cuatro meses y ahora prepara las oposiciones a profesor de Dibujo. "De vez en cuando vendo algún cuadro o me presento a algún concurso. Con eso, más o menos voy tirando". Si la fe mueve montañas, ellos son un terremoto.
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