EDUARDO TÉBAR
Odiado y venerado hasta el extremo, el rapero Tote King (Sevilla, 1978) culebrea con sarcasmo en el podio del hip hop español. Aquel joven Mc de La Vieja Escuela hispalense vive en su burbuja de partidos de NBA, labores domésticas y libros de Tolstoi y Harold Bloom. El rimador se mofa de sus detractores de antaño porque ahora le va bien. Reconoce el ´ego-trip´ del género y disfruta del "cariño" de sus fans. Hace dos años, cuando publicó ´Un tipo cualquiera´, comenzaron a tacharle como "el Woody Allen del hip hop". ´T.O.T.E´, su flamante lanzamiento, ofrece un giro de tuerca y defiende la idea de un arte lúdico. Mañana lo presenta en la sala Industrial Copera de Granada.
–¿Cuándo desvelará el significado de las siglas de ´T.O.T.E.´?
–Está en internet. Es algo relacionado con una enfermedad mental. ¡No digo más!
–¿Este disco rompe con la actitud del anterior?
–No. Sólo es un disco más. No tengo una línea marcada. Soy un buscavidas del estilo. Cada día me levanto con ganas de aventuras sobre el ritmo.
–Abundan las referencias a la cultura popular. Lo mismo repasa el baloncesto andaluz que tritura a las estrellas de Hollywood.
–Forman parte de mi vida. He crecido con referencias musicales como Black Sabbath, Kurt Russel o Magic Johnson. Esto es realmente lo que me forma a mí. No un puñado de noches locas puesto de alguna mierda. Eso lo veo ahora como un desfase imbécil. Sin embargo, el recuerdo de la primera vez que vi ´Tiburón´ es ya imborrable. Incluso me lo quedo con más cariño que alguna que otra novia.
–También nombra a roqueros como Hendrix o Dio. Y samplea a Los Finder´s, nombre de culto de la Barcelona de los sesenta. ¿Lo suyo es una labor de arqueología musical?
–Soy un arqueólogo musical y cinematográfico, sin duda. No tengo miedos ni filtros. Lo consumo todo. Mi forma de vivir consiste en consumir las cosas que me gustan.
–Habituado a las colaboraciones entre colegas de la rama, choca el cruce con Chico Ocaña. ¿Estamos a tiempo de ver al Tote flamenco?
–Soy fan de Mártires del Compás desde pequeño. Un día me puse en contacto con él, quedamos en Sevilla para echar unas cervezas y salió. Estoy muy contento. He cumplido un sueño colaborando con un tipo al que respeto desde los 16 años.
–En el álbum se le ve desencantado con las grupis. ¿Sabe cuánta gente daría un brazo por estar en su lugar?
–No, hombre. Es todo una broma. Las grupis están ahí dando amor. No se les puede odiar nunca. Hay de todo, pero uno siempre sabe dónde se mete. Estar desencantado sería un poco absurdo. Yo he consumido este plato como todo músico.
–¿Todavía es un tipo cualquiera?
–Más que nunca. Vivo solo. Cocino, hago la colada, tiendo la ropa... Sí, soy un cualquiera que hace música.
–¿Y rechaza la etiqueta de rapero ilustrado?
–Soy un tipo normalito. Lo que sucede es que, hoy en día, lo normal es poner "hola" sin hache en MSN, hablar mal y no haber leído nada. Soy un rapero lector, aunque tampoco un erudito. Consumo literatura clásica y moderna, pero no soy un ilustrado.
–¿Existe prepotencia y ombliguismo en el hip hop?
–Sin duda. Forma parte de nuestro lenguaje.
–Usted se formó como Mc en La Alta Escuela. ¿Piensan retomar aquel proyecto seminal?
–Estamos en ello. Es difícil porque todos estamos de gira. Ahora Juanma va con Juaninacka y yo con Randy. En cuanto tengamos un hueco, queremos ponernos.
–Durante un tiempo se habló del incipiente hip hop sevillano. ¿Cómo ve el panorama ahora?
–Hay muchos estilos buenos en muchas ciudades. No creo que exista una capital. Yo, por ejemplo, soy muy fan de la escuela de Barcelona: Sólo los Solo, Mucho Muchacho, Falsalarma...
–El Ayuntamiento de Zaragoza acaba de nombrar hijos predilectos a Violadores del Verso. ¿Aceptaría un galardón de un político?
–Paso olímpicamente de las demostraciones. Si me dieran una calle en mi ciudad, me sentiría orgulloso. Pero no me quita el sueño.