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HEMEROTECA » |
J. IGNACIO GRACIA Hace cien años, el 6 de septiembre de 1909, se difunde que el comandante Robert Edwin Peary acababa de regresar del ártico con la noticia de que había conquistado el polo Norte cinco meses atrás. Pero, como por aquella época todavía no había internet, ni teléfonos móviles, los exploradores tardaron medio año en comunicar su descubrimiento.
En la actualidad, se pretende rebajar la hazaña de Peary llegándose a insinuar incluso su “incorrección política”, porque no se tomó la molestia de aprender el dialecto de los esquimales, aunque su criado negro Matthew Hanson, que le había acompañado en todas sus expediciones, sí sabía el dialecto esquimal, pero, en cambio, no calcular las latitudes ni las longitudes.
El reproche más serio que se le hace a Peary es que no llegó al Polo, y hasta lo pasó de largo, ya que señaló la latitud 89º 57’ N, pero no la longitud, y quienes le acompañaban en aquel momento, su fiel Hanson y los nativos Ootah, Ooquech, Egingwah y Seegloo, eran grandes peritos en la lengua del lugar, pero no en cálculos y mediciones.
Al poco de hacerse pública esta noticia, el doctor Frederick Cook, el médico de la primera expedición de Peary al Ártico, su amigo y más tarde su enconado enemigo, afirmó que él había llegado al Polo el año anterior, pero no tardó en demostrarse que se trataba de una patraña. Aunque hoy se sospecha que Peary no pisó exactamente el polo Norte el 6 de abril de 1909, basándose en que sus diarios son imprecisos, cuando menos debe reconocerse que fue el hombre que más cerca estuvo de él y quien lo buscó con mayor ahínco.
Robert Edwin Peary había nacido en Cresson Springs, Pennsilvania, en 1856. Ingeniero y posteriormente oficial de la Marina, acompañó a un grupo de científicos a Nicaragua con motivo de un proyecto de canal equivalente al de Panamá, que uniera el océano Atlántico con el Pacífico, y durante estos trabajos leyó el libro de Nordenskjöld sobre Groenlandia, y a partir de entonces quedó fascinado.
En 1886 visita por primera vez la inmensa extensión ártica, penetrando en su interior hasta 160 kilómetros y consiguiendo demostrar, entre 1893 y 1901, que Groenlandia era una isla y no una península de las tierras polares. En 1898 publica un libro sobre sus exploradores en el norte del mundo, “Hacia el Norte sobre el Gran Hielo”, y en 1906 otro cuyo título expresa sus anhelos: “muy cerca del Polo”.
A su regreso del polo conquistado publica un tercer libro, “El Polo Norte”, en 1910. Anteriormente había explorado las tierras de Grinnell y de Grant en diversas expediciones efectuadas entre 1905 y 1909. Después de varios intentos fallidos, Peary emprende la expedición definitiva con la ayuda económica de una sociedad formada al efecto, la Peary Arctic Society, que recibió el apoyo entusiasta de Theodore Roosevelt y a la que Peary contribuyó invirtiendo en ella las importantes cantidades que había ganado como conferenciante.
Se construyó un barco fuertemente reforzado con la proa de acero en forma de cuchilla para resistir los choques con los icebergs y abrirse camino en los mares helados, bautizado con el nombre de “Roosevelt”. Lo mandaba el capitán Robert Bartlett y formaban parte de la expedición Ross Marvin, secretario de Peary; el doctor G. W. Goodsell, los señores McDonald y McMillan, y un estudiante de Yale llamado George Borup.
El barco zarpó del puerto de New York el 6 de julio de 1908, poniendo proa a Groenlandia y alcanzando, antes de la llegada del invierno ártico, el punto más avanzado hacia el norte habitado durante todo el año. Se tenían noticias de estos esquimales desde 1818, y los singularizaba, además de residir permanentemente al borde del mundo, el uso de utensilios de hierro que obtenían de un meteorito fragmentado en tres trozos llamados la Mujer, el Perro y la Tienda. Peary había visitado este lugar en 1897 y se llevó el meteorito, por el que la Smithsonian Institution de Washington le pagó 40.000 dólares.
Los esquimales no parecieron tomárselo a mal, ya que 46 miembros de la tribu y 246 perros se incorporaron a la expedición, que el 18 de agosto, en puertas del invierno, continuó la marcha hacia el Norte a través del estrecho de Smith, hasta el cabo Sheridan, donde instalaron el campamento principal. El paisaje montañoso, de hielo sólido “de todas formas y tamaños”, trajo a la memoria de Peary el círculo helado del infierno de Dante, aunque el paisaje real que él contemplaba era más pavoroso: las fuerzas titánicas y diabólicas que habían levantado aquellas masas heladas dignas de cíclopes convertían la imaginación dantesca en “un estanque para patinar”.
El ‘Roosevelt’ dobló el cabo Rawson a principios de septiembre. Aprovecharon hasta donde pudieron el otoño para transportar en trineos las provisiones y demás efectos necesarios para el ataque final hasta el cabo Columbia, a 150 kilómetros de los cuarteles de invierno. Durante el invierno acondicionaron los trineos, ya que el resto del recorrido habrían de hacerlo por tierra o sobre hielo, produciéndose la baja de McMillan, que hubo de ser evacuado por la congelación de un pie.
El salto al Polo fue llevado a cabo por los compañeros de Peary, más 17 esquimales, 133 perros y 19 trineos: reemprendieron la marcha el 28 de febrero de 1909. “La partida se realizó en silencio, porque el viento del Este helaba las palabras”. Durante el viaje, Ross Marvin pisó una capa de hielo poco resistente y fue tragado por el hielo. La expedición se dividió en dos grupos: uno al mando de Bartlett, que dio la vuelta, y el otro al de Peary, que alcanzó la meta el 6 de abril.
“Para nosotros, habían desaparecido en Este, el Oeste y el Norte, y solo existía una dirección, la del Sur. El viento, de dondequiera que soplase, procedía siempre del Sur. En el lugar en que estábamos, un día y una noche integraban un año y cien días y cien noches, un siglo. Si hubiéramos permanecido en este punto durante los seis meses de la noche polar ártica, habríamos visto todas las estrellas del hemisferio septentrional cruzando el firmamento a la misma distancia del horizonte, con la estrella Polar en el cenit”. Así describió Peary el Polo Norte. Hacia el Norte por el gran hielo.
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