MIGUEL CABANILLAS (EFE)
Un emotivo recuerdo al poeta Federico García Lorca planeó sobre el Festival Internacional de Cine de Venecia, en el que el director español Pere Portabella presentó ayer su filme ´Mudanza´, lleno de silencios y de elementos simbólicos en homenaje al literato granadino. La cinta, de veinte minutos de duración, recoge, con sonido ambiente y sin ningún tipo de diálogo, el traslado de los objetos que alberga la Huerta de San Vicente, residencia de verano de los García Lorca, para acoger la exposición temporal ´Everstill/Siempre todavía´ en ese mismo lugar.
El filme, que se exhibió dentro de los eventos paralelos de la sección Orizzonti y que se proyectó por primera vez para el público de la Mostra, fue presentado por el propio autor, a quien acompaña en Venecia la sobrina del poeta Laura García Lorca, sensiblemente emocionada con este homenaje.
"Ha sido la Fundación Federico García Lorca la que me hizo la propuesta de hacer esta intervención y he aceptado por dos razones fundamentales: porque Lorca es un personaje del arte contemporáneo y porque ha sido una figura de referencia en la Guerra Civil española", dijo Portabella durante la introducción de la cinta. "Estos elementos han sido decisivos para que me decidiera a hacerlo, y además el hecho de que he sido productor de una película de Buñuel, muy próximo a Lorca. En definitiva, ha sido un privilegio", añadió.
Símbolos. La cinta de Portabella es una película de símbolos y de vacío, de silencio, para conseguir que el espectador alcance su propia interpretación particular de las imágenes y rinda su propio homenaje al poeta. "La idea era dejar el vacío para que todo visitante pudiera hacer su propia interpretación. El cine tiene la tendencia de llenar de ruidos que explicitan los pensamientos. Y yo creo que el espectador debe hacer y terminar la historia según sus experiencias", comentó el cineasta.
Y a esa nada se llega después de observar cómo durante veinte minutos un equipo de mudanzas desaloja la casa en la que Federico García Lorca (1898-1936) solía pasar sus veranos, hasta quedar completamente vacía y en silencio, tras lo que se dará paso al almacén en el que serán guardados los recuerdos de la familia.
Destaca la ausencia de cualquier diálogo o música, ya que el sonido ambiente es el único acompañante del espectador en este paseo por los recuerdos de uno de los más importantes literatos españoles. Los gritos de unos niños que parecen provenir del jardín de la Huerta y el canto de unos pájaros que se agolpan fuera de la casa son los introductores del público en este paseo, para después dar paso, progresivamente al más absoluto silencio. Simbólica es también la manera en la que un retrato del poeta es sacado de la casa: un especial y embalaje sirve, explicó Portabella, para ofrecer a Federico esa especie de entierro simbólico que nunca tuvo.