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HEMEROTECA » |
EDUARDO TÉBAR La voz estriada de Tomás Segovia rezuma sabiduría. Igual que su frondosa barba encanecida. Tras la apariencia de docente entrañable de principios del siglo pasado, el ganador del García Lorca de Poesía esconde un manantial de memoria, ideas y lucidez. Ráfagas de la vida del escritor de 82 años que estos días encandila a oyentes de todas las edades en Granada. Ayer, volvió a seducir a los asistentes en la facultad de Ciencias de la Educación en una conversación pública con el periodista Juan Luis Tapia, horas antes de recoger el galardón a toda su trayectoria en el Carmen de los Mártires.
El poeta valenciano no encaja en el perfil de exiliado resentido. La niñez partida en dos representó un nuevo horizonte para Tomás Segovia. El chaval educado en los más refinados centros de formación de la élite deportada: "Cuando estudiaba en el Liceo Francés de Casablanca, cantaba las canciones de moda. Pero les cambiaba la letra. Era una forma de empezar a jugar con el lenguaje".
El autor de ´La luz provisional´ se reconoce heredero de la poesía española. Aunque también de la latinoamericana, de la francesa, de la inglesa, de la alemana... "Todo es como un río. Desconfío del patrón unificador de las naciones. La nación es el mal de la historia moderna". El destino itinerante de Tomás Segovia ha forjado su visión mundialista de la literatura. "El exilio español era un verdadero gueto. Había escuelas privadas creadas por los propios inmigrantes. Apenas iban estudiantes mexicanos. Sólo los hijos de los exiliados".
Sin embargo, el desarraigo le brindó en México el contacto con los ´residuos´ de la Generación del 27 que latía en la Residencia de Estudiantes de Madrid antes del estallido de la Guerra Civil. Para Segovia, resultó esencial el tropiezo con un integrante de aquella pléyade poética. Con el malagueño Emilio Prados trabó una amistad "desequilibrada". "Yo tenía 16 años. Él, casi 40".
Generación del 27. El premio García Lorca recuerda a Prados como "una especie de Sócrates de bolsillo". "Solía hablar con los chicos dando paseos. Yo era muy tímido y muy inculto. Venía de una familia de médicos, donde no existía el contacto con las letras. Pero un amigo le llevó un día mis poemas a Emilio Prados. Después, quiso conocerme. Y así de manera masiva a la Generación del 27".
Prados, el creador de ´El misterio del agua´, puso a Tomás Segovia en la pista de numerosos bardos del país azteca. "No se trataba de grandes figuras. El mundo del exilio era cerrado. Tuve que esperar a mi llegada a la facultad para conocer a la literatura latinoamericana. Todo lo escrito en nuestra lengua viene de un tronco común. Las divisiones oscurecen más que aclaran".
Tomás Segovia lamenta el maniqueismo de la época. "Crecí con la idea de que la tradición española de Machado o Unamuno representa la seriedad, mientras que a los latinoamericanos como Rubén Darío se les suponía más juguetones. Más tarde, me desprendí de esa etiqueta. Todos estos poetas amaban la poesía".
Entre risas, Segovia pide disculpas por su condición de romántico. "Y si estuviera tan viciada la expresión, me atrevería a decir que incluso experimento". El levantino no habla de ningún eufemismo. "Durante un tiempo, traté de averiguar lo que ocurre al improvisar. Me dejo ir. Bajo el control y no corrijo. Con tal mecanismo, me salieron poemas largos y desvocados. Trataba de explorar la lengua y de explorarme a mí mismo".
Culto a la mujer. En su siguiente etapa, el responsable de ´Anagnórisis´ buscó una poesía más oral que escrita. "Trabajaba en una oficina donde había buenas grabadoras. Se las daba a una secretaria para que las pasase a limpio con el mensaje tal cual. Me proponía estilos, modos de poesía. Al final, siempre me encontraba con el poema". Tomás Segovia suele pasear por las mañanas. A veces, vuelve a casa con una frase jubilosa para su mujer. "¡Hoy encontré un poema!". "Mis sonetos eróticos surgen de las ganas de homenajear a una señora. Pero si no llega el soneto, no lo voy a forzar".
¿Y cuál es su libro favorito? "Siempre el último, que es del que uno está más cerca. Si bien es cierto que el más mencionado y reeditado es ´Anagnórisis´. Pero para mí, el más importante es el que he leído más recientemente. Pasa como con las mujeres: la mejor es con la que estás ahora".
Anoche, Granada adoptó al poeta valenciano. El de todas partes y de ninguna. Tomás Segovia, el profesor de gesto tranquilo, el sabio observador matutino del Café Comercial de Madrid.
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