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HEMEROTECA » |
M. J. S.
La familia Englaro logró hace apenas tres meses cumplir con la última voluntad de uno de sus miembros. Eluana Englaro fallecía a los 39 años en Udine (Italia), después de pasar casi la mitad de su existencia en estado vegetativo permanente. Fue un accidente de tráfico ocurrido en 1992 el que postró para siempre a esta chica transalpina en una cama y la obligó a vivir dependiendo de alimentación e hidratación artificial.
Las semanas anteriores a la muerte de Eluana se convirtieron en un debate mediático en el que el gobierno de Berlusconi trató sin éxito de aprobar una ley que impidiese a su familia dejar de alimentarla e hidratarla de forma artificial. La Iglesia también mostró su rechazo, pero sus padres no cejaron en su empeño de que Eluana muriese como ella había decidido antes de sufrir el grave percance.
Beppino Englaro recorrió ayer los últimos 17 años de la vida de su hija en unas jornadas celebradas en Granada sobre el anteproyecto de ley que regulará en Andalucía el derecho a una muerte digna, organizadas por el Colegio Notarial. El padre no escatimó en detalles para cerciorarse de que todos los presentes entendieran que el fallecimiento de Eluana no fue una decisión que tomaron sus personas más allegadas, sino la confirmación de una petición expresada por ella misma en voz alta.
El progenitor se remontó a un año antes del fatal accidente. "A un amigo suyo, a Alexandro, le sucedió lo mismo poco antes. Tuvo un accidente y entró en coma". Beppino comentó que tras conocer la situación de este chico ella le dijo a sus padres que si alguna vez le sucedía algo similar no quería que le prolongasen la vida.
También habían comentado el estado en que se hallaba un esquiador de los años 80 y Eluana, entonces una joven de 20 años, reiteró a su círculo más cercano su postura. "Era una purasangre de la libertad. La opinión pública no entendió su decisión", argumentó su padre, quien señaló que los médicos que la atendían tampoco los comprendieron.
Los días inmediatamente posteriores a al accidente fueron decisivos para determinar el estado de la joven, aunque una vez más Beppino sostuvo que los obviaron. "Eluana ingresó muy grave en Urgencias. El médico nos dijo que debíamos esperar cuatro días y al quinto le practicarían una traqueotomía. Se la hicieron sin tener en cuenta nada". La familia, debido a la corta edad de la chica, hubo de esperar dos años para que los sanitarios dieran un diagnóstico definitivo. "De nuevo la vida fue desafortunada con ella. En 1994 nos dijeron que se encontraba en un estado vegetativo irreversible", subrayó.
Tribunales. Pero a pesar de que sus progenitores creyesen firmemente que la voluntad de su hija era clara al respecto, tuvieron que enfrentarse durante más de una década no sólo a los facultativos, sino también a un aparato judicial que hasta 2007 no reconoció el derecho de esta mujer italiana a dejar de ser mantenida con vida de forma artificial. "No quería que se le aplicara ninguna medida si alguna vez se encontraba en un estado vegetativo permanente. Si desde el punto de vista médico nada iba a cambiar", recordó Englaro.
La familia de Eluana entendía que la opinión de la joven contraria al mantenimiento artificial de la vida era un consentimiento informado. "Era dar voz a su postura y a sus ideas", indicó Beppino. Durante tres años buscaron algún experto o alguna administración con la que entablar un diálogo y hallar una solución a la situación de su hija, pero no fue hasta tres años después del siniestro cuando vieron en un programa televisivo a un neurólogo que compartía su punto de vista.
El médico pertenecía al Comité Consultivo de Bioética de Milán. Un organismo aconfesional y apolítico que, el padre insistió, no guardaba ninguna relación con el Comité Nacional. Le hicieron llegar su historia clínica y se encontraron con que además de médicos, también había juristas y abogados que los ayudaron a perfilar la estrategia para hacer valer la voluntad de Eluana.
Sin embargo, los magistrados italianos se resistieron durante once años a reconocer lo que Beppino denominó el Estado de Derecho. "Hasta ese momento nadie quería hablar del asunto, ni siquiera la prensa. Aseguraban que era un problema tan fuerte y delicado que no querían entrar". Pero la organización de unas jornadas en las que se abordaba el estado de estos enfermos propició que los medios nacionales comenzasen a cederle algunas de sus páginas.
Después de mucho batallar, fue en 2007 cuando el Tribunal Supremo de Roma se pronunció a favor de la voluntad de la joven. "El Tribunal Supremo concluyó que nuestra petición no tenía nada que ver con la eutanasia, que nadie puede obligar a nadie a vivir en esta situación".
Las reticencias tanto judiciales, religiosas e incluso gubernamentales persistieron hasta el último hálito de vida de Eluana. Finalmente, sus padres lograron el 9 de febrero de 2009 cumplir su voluntad.
"Se obstinaron en no respetar la libertad fundamental de las personas", subrayó Beppino quien concluyó asegurando que "todo se ha hecho a la luz del sol. Eluana ha sido víctima de los médicos y después del Estado".
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