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HEMEROTECA » |
EDUARDO TÉBAR Las personas de espíritu aventurero no saben anclarse en un sitio. Les gana el afán por cambiar de aires. Sienten la necesidad de explorar nuevos rumbos, el impulso de vivir otras experiencias. Mikel Etxenique pertenece a esta especie. La de los peregrinos errantes que, como la pléyade de artistas que relató Fernando Fernán Gómez, viajan a ninguna parte. Sin billete de vuelta. Sin meta. Sólo abismados en el camino.
Salió del País Vasco que le vio nacer de la mano de África, hoy su ex pareja y socia con la que regenta el Bar Candela en Granada. Antes de enraizarse en la ciudad de las tapas, ambos conocieron las veladas hedonistas de Ibiza. Sus puestas de sol, el multilingüismo y los vestigios de los primeros hippies. También probaron suerte en el Pirineo. Con el ímpetu de la juventud y las ganas de descubrir, quizá, el tesoro oculto de la felicidad.
Para un hombre de mundo resulta demasiado exótico volver a casa. Así que Mikel y África anotaron el nombre de Granada en el itinerario. Han transcurrido dos décadas desde aquello. "Vine a pasar un añito y me fui liando. Hasta entonces, andábamos de temporada por diferentes lugares", recuerda el protagonista de esta historia. Un amigo le ofreció un trabajo en las emblemáticas Bodegas Castañeda. Allí se instruyó en los vericuetos del negocio hostelero granadino. Más tarde curró en Casa de Vinos. Su destino estaba escrito. Bueno, el de la dupla emprendedora, que pronto vislumbró su propio garito cuando compartían piso en el Realejo.
"Vivíamos justo encima del Candela, en la calle Pavaneras. Vimos el local e intuímos lo que podría ser nuestro garito. Nosotros mismos pusimos las maderas, adaptamos las paredes a ese estilo rústico. El Candela está hecho a mano".
Tres lustros. Mikel y África llevan 16 años -los cumplirán a finales de abril-, al frente del que muchos catalogan como el bar de los artistas y de los periodistas. Dos gremios condenados a encontrarse. "Cuando comenzamos, en Granada no había bares de tapas con música, sino con radio. Yo procedía de la Casa de Vinos, donde el soniquete era muy bajito", explica Mikel. En su ciudad natal, frecuentaba esas tascas típicas con alboroto vespertino. "Solíamos escuchar musiquita mientras jugábamos con los futbolines. En el Candela planteamos una mezcla novedosa".
Mikel recuerda que, a lo largo de estos tres lustros largos, se han producido bajas y altas en una clientela que tiende a renovarse. El ciclo de los parroquianos se asemeja al de la vida misma. "La gente de entre 25 y 30 años es de la que se alimenta el Candela. ¿Lo malo? Que muchos dejan de salir cuando se hacen carrozas. Todavía nos visitan músicos, periodistas y viejas glorias", sonríe Mikel. "En Granada, se relaciona al Candela con los artistas y eso se debe a que proponemos un ambiente agradable. No obstante, es duro, como todos los curros".
La otra pasión de Mikel, los anticuarios, define la decoración del local. La Cartelería con exposiciones gitanas de Corpus de los años cuarenta contrasta con los sonidos de jazz y afrobeat. "Somos anticlericales, pero me atrae el coleccionismo tradicional". Choca el minúsculo traje torero que preside el bar. El gitano que se lo vendió a Mikel le perjuró que es auténtico y de la época. "Algunos clientes bromean preguntando si era de mi abuelo. Lo cierto es que tiene varias cornadas".
Mikel rememora la mayor sorpresa en su trayectoria en el Candela. "Entró un hombre de unos sesenta años, se me acercó y me relató que este bar lo hizo su padre. ´Yo trabajaba aquí con 16 años´, me confesó". Aquel visitante sostenía que en el local había una carbonería en la que se pasaban el día cazando moscas. "Era un desastre, aunque más adelante lo bautizaron como El Quinto Toro, un bar famoso por sus bocadillos a los militares". En su versión menos romántica, las paredes del Candela albergaron un pequeño club de ambiente a principios de los noventa.
En la actualidad, sus propietarios mantienen viva la llama y la esencia bohemia del establecimiento. Síntoma de la buena relación que guardan con los clientes y con los vecinos son las dos fiestas anuales que celebran. En octubre, la del aniversario. Y en Noche Buena, su célebre bakalao con pimienta. "Acuden en procesión a probarlo".
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