DOMINIQUE BERTHOLET
Existen playas nudistas y playas nudistas rosas. El Muerto es de las segundas. Escondida tras el acantilado que la separa de Cotobro, la cala mide 280 metros y tiene capacidad para 1.100 usuarios de los cuales, una gran cantidad, son gays. Su arena es semi-gruesa y clara, no es de color rosado aunque el calificativo de playa rosa se debe a la predilección que el público tanto homosexual como naturista tiene por este pequeño y oculto rincón marítimo.
El acceso debe realizarse a pie, a través de un encantador sendero construido entre las rocas que nacen en la playa de Cotobro o, si se dispone de alguna embarcación, se puede llegar por el mar. La ocupación de la playa del muerto suele ser escasa, incluso en temporada estival alta, debido a su misteriosa ubicación y la ausencia de servicios turísticos de ningún tipo. Sus aguas son serenas y cristalinas pues la presencia de rocas de gran tamaño la abrazan y protegen por ambos lados.
El ambiente, basado en el respeto y la libertad, es ejemplar y acogedor. Esta pequeña cala es frecuentada por bañistas de toda clase y estilo. Familias tradicionales, naturistas o no, comparten rebalaje con parejas homosexuales, naturistas o no. Niños, perros, grupos de gente joven y anciana, ejecutivos y hippies, todos disfrutan en armonía de un paraje único en la Costa Tropical. Alguien dijo que "sacrificio es igual a beneficio".
Quien encuentra el sendero y decide llegar hasta el final obtiene su recompensa al observar una estampa digna de los cuentos de piratas y donde nadie molesta a nadie. Como curiosidad cabe destacar su limpieza. Los usuarios naturistas han pintado en una de las piedras de la playa el mensaje ´Playa nudista limpia. No colillas´, petición con la que todos los bañistas se solidarizan y colaboran en la tarea de mantener el entorno con un aspecto impecable.