DOMINIQUE BERTHOLET
Hay quien disfruta al tomar el sol rodeado de sombrillas multicolor, toallas estampadas con propagandas varias y neveras portátiles. Todo es respetable. Los que prefieren broncearse sobre una tumbona de mimbre con aires mosriscos y escuchar buena música a escasos metros del mar, deberían visitar la playa del Sotillo.
En la Costa Tropical hay playas para todos los gustos, edades y aficiones, si bien, la ubicada en Castell de Ferro reúne una serie de cualidades que la hacen atractiva para el público jóven.
Con poco más de un kilómetro de longitud y cuarenta metros de anchura, la bahía de Sotillo es lo más parecido a un paraíso tropical en la Costa granadina.
Sus aguas tranquilas y limpias acarician con suavidad un extenso rebalaje que, en algunos tramos, presenta defensas artificiales. Cuando un inglés o un americano dice ´chill out´, sugiere relax y calma, un estado muy fácil de alcanzar en un rincón marítimo donde el sonido de las olas al romper contra la orilla y las melodías ambientales procedentes de alguno de los chiringuitos se fusionan para crear una atmósfera más que acogedora.
Castell de Ferro es un municipio relativamente joven, pues los primeros pobladores datan del año 1760, cuando unos pescadores de Gualchos se asentaron en lo que hoy se conoce como la playa del Sotillo.
La tradición pesquera y agrícola permite a los chiringuitos y restaurantes de la bahía ofrecer pescados y mariscos frescos que, al ser degustados en primera línea de mar, con olor a sal y ambiente playero multiplican su sabor hasta el infinito.
Diversas civilizaciones como los romanos, los árabes y más tarde los cristianos descubrieron la belleza de este rincón marítimo. Muestra de ello son el Castillo Romano o las defensivas torres vigías que pueden observarse desde algunos puntos de la playa.
Los informes turísticos sobre la ocupación del litoral afirman que es una bahía muy frecuentada. Lo cierto es que en pleno mes de agosto no es imposible encontrar un hueco en la arena donde extender la toalla sin necesidad de compartir el mismo metro cuadrado con ningún otro bañista. Es posible que la tranquilidad se deba a su ubicación. Para llegar hay que pasar Calahonda y seguir dirección Almería, por lo que quien elige la playa del Sotillo, o bien vive o veranea en Castell de Ferro o se desplaza hasta allí expresamente para disfrutar de su delicioso fragmento de mar. Contra el estres laboral, ´chill out´.