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DOMINIQUE BERTHOLET
El lunes a las doce de la noche no quedaba ni rastro del personal de la Federación de Asociaciones de Mayores de Andalucía (Foam) en el edificio de pisos tutelados ubicado en Salobreña, junto a la biblioteca municipal. El Ayuntamiento de la villa había rescindido el contrato a Foam por supuestas irregularidades en la gestión, que venía realizando desde el 2004. Ahora será Eprodesa, una empresa pública, la que se hará cargo del centro.
La recepción quedó vacía, sin nadie que atendiera las llamadas telefónicas o vigilara que la puerta estaba bien cerrada. El servicio de restaurante ya formaba parte del pasado y los mayores desconocían los cambios que sus hogares sufrirían, o no. Concejales de todos los partidos políticos, tanto del Gobierno local como de la oposición, acudieron el último día de agosto para explicar a los residentes la nueva situación. Intentarán, por todos los medios, continuar prestando los mismos servicios, aunque, eso sí, "optimizándolos", según explicó Manuel Pérez Cobos, presidente de Eprodesa y edil de Urbanismo en el Consistorio.
Nueva etapa. Ayer fue el primer día de la nueva vida de los inquilinos de las casas tuteladas. A la una de la tarde volvía al centro un grupo de residentes tras tomar unas cañas y charlar sobre su recién estrenada situación. Los mayores se sentaron alrededor de una de las mesas vacías de lo que, hasta el lunes, había sido su comedor y comenzaron a intercambiar opiniones. Ninguno de ellos tenía claro lo que allí pasaba.
Arturo Gómez tiene 78 años y ocupa, junto a su señora, uno de los apartamentos desde hace doce meses. "No me parece bien que haya tanto secretismo" asegura. "Hasta ayer nadie vino a explicarnos lo que estaba ocurriendo y resulta muy incómodo vivir con esta incertidumbre", añade.
Alfredo Ruz, otro residente, asegura que los cambios no tienen por qué ser perjudiciales. "Yo me he levantado a las ocho y media de la mañana y ya había un señor en recepción dispuesto a ayudarme en cualquier cosa que pudiera necesitar. La verdad es que eso me ha tranquilizado bastante". Ruz dice que muchos de sus vecinos están convencidos de que la labor de Eprodesa va a ser peor que la que Foam venía realizando hasta ahora, pero "¿cómo podemos juzgar algo que no conocemos?", se pregunta. El hombre añade que "hoy es el primer día de una nueva etapa que no sabremos si es mejor o peor que la anterior hasta que pase un tiempo y veamos como funciona".
Ángeles Velasco cuenta que antes era política "y por eso no me gusta criticarlos. Yo estoy de acuerdo con Alfredo y les doy un voto de confianza porque entiendo que necesiten reorganizar todo de nuevo y si el comedor permanece cerrado unos cuantos días no pasa nada. Además, han puesto otra alternativa a nuestra disposición, podemos ir a comer a un restaurante que hay aquí al lado hasta que todo se normalice". Catalina Ortiz, de 70 años, la interrumpe, "¡Por Dios! yo me muero de tristeza, siento que todo está vacío y no tengo ganas ni de salir al pasillo", argumenta. Todos los residentes coinciden cuando hablan del cariño con que las recepcionistas solían tratarlos. Las echan de menos. "Se han ido sin que pudiéramos hacerle ningún tipo de homenaje o despedida", lamentan Antonio y María Teresa, una pareja de Asturias cuyas edades rozan las siete décadas. "Estamos apuntados a clases de pintura, aunque ahora son las vacaciones, pero tampoco sabemos qué pasará con eso".
Entre las actividades que se desarrollaban en el centro, muchos de los mayores destacan las verbenas de los viernes o las partidas de bingo. Los residentes sólo saben que tanto su profesor de internet como el "muchacho" que les encendía la televisión del salón común, cada vez que se lo pedían, se han marchado sin dar ningún tipo de explicación. Pero lo que más les duele es la recepción.
Araceli Martín es de Granada y tiene 88 años. Recuerda un día del año pasado: "Serían las tres de la tarde y me fui a mi apartamento a dormir la siesta. Como siempre, eché la llave por dentro. Cuando me desperté no sabía qué me había pasado. Un bombero tuvo que entrar por la ventana y me encontró tirada en el suelo. Me había mareado". La señora explica que si en aquel momento no hubiera habido nadie en recepción, "sólo Dios sabe dónde estaría yo ahora".
Ángeles interviene de nuevo y declara que "hay una serie de familiares de algunos residentes que son de Salobreña y están intentando politizar nuestro problema, les comen el ´tarro´ a los mayores y eso es lo menos que necesitamos, queremos soluciones".
El Consistorio lanzó un mensaje de tranquilidad a todos los inquilinos. Las cuatro personas que trabajaban en centralita serían sustituidas por una, cuyo horario es de 9 a 13 horas y de 17 a 21. Para compensar instalarán porteros automáticos. Los mayores opinan que "una máquina nunca podrá darnos el cariño que nos daban las niñas que trabajaban aquí".
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