DOMINIQUE BERTHOLET
Hay palabras que degeneran hasta puntos insospechados. La Cagadilla es una más. Existe una leyenda que cuenta que el castillo árabe de Salobreña fue habitado por tres princesas: Zaida, Zoraida y Zorahaida. Cadiga era el nombre de la noble a la que fue encargada la educación y cuidado de las tres jóvenes y cuya muerte se produjo en una playa que, tras varias derivaciones, hoy se conoce como La Cagadilla. No obstante, son numerosos los salobreñeros que aseguran que la denominación del delta deriva de la costumbre de algunos campesinos de hacer sus necesidades escondidos tras los cultivos de cañas que adornan las proximidades a este fragmento de mar.
La playa de La Cagadilla mide poco más de un kilómetro y se encuentra entre el límite de Salobreña y Motril, una zona que, por el momento, no está urbanizada. El Ayuntamiento, sin embargo, ha proyectado una serie de complejos hoteleros que irán ubicados en este enclave y que harán desaparecer las plantaciones de cañas que aún mantienen el entorno virgen para convertirlo en una nueva zona de explotación turística, hecho que, a principio de este verano, provocó la protesta de ecologistas.
El grado de ocupación de La Cagadilla suele ser bajo en todas las épocas del año, ya que no posee chiringuitos, ni bares, ni atracciones turísticas de ningún tipo, por lo que los bañistas que a ella acuden para pasar el día acostumbran a llevar consigo todo lo que vayan a consumir a lo largo de la jornada playera.
El acceso a esta parte del litoral, situado junto al delta del Guadalfeo se hace a través del nuevo puente sobre el río, en el camino de Playa Granda, Sin embargo, no es posible llegar a primera línea en coche, por lo que quienes acudan en vehículo deberán estacionarlo en un sendero de tierra y cañas ubicado a unos 50 metros de la playa.
Durante el día son los bañistas los principales usuarios de este rincón marítimo aún sin explotar. Al caer la tarde comienzan a llegar los pescadores de caña tradicional que, más entrada la noche, comparten rebalaje con grupos de jóvenes que, con o sin permiso del Ayuntamiento, eligen La Cagadilla como un lugar de lo más íntimo y acogedor para celebrar las típicas moragas de sardinas y sangría. Quizás lo hagan porque es un lugar donde no existen vecinos a quienes molestar en caso de que el ´sarao´ a la luz de la luna se extienda hasta altas horas de la madrugada.