¿Quién te ha visto y quién te ve, Cambriles? Lo que hace poco más de una década era un mar de plástico paralelo al Mediterráneo formado por los invernaderos que plagaban la zona, ahora es una amplia superficie de bloques de pisos frente a la playa.
Como consecuencia, Cambriles (perteneciente a los municipios de Gualchos-Castell de Ferro y Lújar) ha sacrificado la tranquilidad por la mejora (aunque con efecto retardado) de sus servicios y accesos, especialmente en la parte más occidental. Es decir, donde antes había un camino de tierra repleto de baches y abierto a los vehículos a motor, ahora existe un paseo peatonal bien alumbrado; el terraplén de acceso a la playa ha sido sustituido por unas escaleras; una rotonda distribuye el tráfico hacia las urbanizaciones; y los bañistas disponen de contenedores y zonas de ejercicio.
Ahora bien, no todo ha mejorado. Así, por ejemplo, la pista de voley-playa más cercana al pueblo ha sufrido un paulatino deterioro hasta convertirse en un pedregal con dos postes y sin red, mientras que las duchas están inoperativas. Por otro lado, la parte de Cambriles que pertenece a Lújar se ha convertido en la principal zona de marcha de Castell de Ferro y los pueblos vecinos, por lo que los veraneantes tienen que sufrir los fines de semana las secuelas de la movida.
Pese al aumento de la ocupación de la playa, destaca la ausencia de bares y restaurantes en la zona, por lo que la mayoría de los bañistas suele volver a sus casas para comer o acuden a los locales del pueblo. No es habitual, a diferencia de otras playas, encontrar en Cambriles personas que almuercen a la orilla del mar, en parte por el hecho de que la mayoría de los que acuden a la playa viven en los pisos colindantes.
Por ello, el ambiente es familiar aunque por segmentos. Dicho de otro modo, al pasar los veranos en el mismo sitio, en la arena se pueden localizar a todos los integrantes de una misma familia, aunque distribuidos en distintas sombrillas: en una se encuentra el hijo con sus amigos, en otra se cobijan los padres junto a otros matrimonios amigos y en la orilla juegan los más pequeños.
Además, el desarrollo turístico de la playa conlleva el abarrotamiento del litoral. De hecho, las sombrillas se suceden en tres y cuatro filas por los cerca de 700 metros de la playa, cuando hace unos años los veraneantes se acumulaban en la zona más occidental de Cambriles, salvo cuando sopla fuerte el viento de poniente, que hace casi imposible permanecer junto al mar.