DOMINIQUE BERTHOLET
La playa de La Charca no interesó a los bañistas hasta mediados de los años sesenta, cuando se construyó la primera urbanización (Los Faroles) y un camino de tierra que permitía el acceso a los vehículos. Las charcas, o acumulaciones de agua estancada de forma natural, eran foco de atracción para los mosquitos y con ellos llegaban las epidemias. Las primeras edificaciones y el paseo marítimo, a principios de los 70, convierten esta parte de la playa en una zona habitada y gracias a esto, insectos e infecciones comienzan a desaparecer para dejar paso al ´boom´ turístico.
Con 1.700 metros de longitud y arena gruesa y oscura, es la playa más frecuentada en los meses estivales. Tanto, que resulta prácticamente imposible encontrar un hueco donde clavar la sombrilla. Familias enteras se amontonan en la arena sin dejar apenas espacio entre unas toallas y otras y forman filas horizontales que llegan hasta el paseo marítimo.
El arcoiris de parasoles es sólo uno de los infinitos complementos que los clanes acarrean consigo desde sus ciudades natales: tiendas de campaña, mesas de camping con asientos plegables incorporados, último grito en bazares orientales, neveras cargadas hasta los topes de fruta, gazpacho y todo tipo de alimentos para degustar a pie de playa, colchones y piscinas hinchables para los niños, la hamaca de la abuela y un sin fin de utensilios que convierten el litoral en una auténtico museo ´kitch´.
La banda sonora la pone Pereira, un panadero muy conocido en el pueblo. Este hombre tiene la voz más potente del municipio. ´Vamos a las cuñaaaas, vamos a las tortaaaas´´. Este canto puede llegar a oírse en altamar y todo aquel que haya pasado un día en la costa salobreñera ha podido escucharlo alguna vez.
Hace un par de años el famoso Pereira acudió a la radio municipal asustado porque creía estar perdiendo la voz, por lo que pidió a uno de los locutores que hiciera el favor de grabarle su popular eslogan en formato digital. De esta forma, cuando no le fuera posible gritar más, un ´compact disc´ le permitiría continuar con su técnica de marketing .
Así fue. Lo más gracioso es que a partir de ese momento multitud de jóvenes acudieron a la emisora para pedir el mítico ´´vamos a la cuñaaas, vamos a las tortaaaaas´´ en forma de politono para sus teléfonos móviles, melodía que hoy día es muy fácil escuchar en el municipio costero.
Servicios hay para todos los gustos. Restaurantes y chiringuitos especializados en espetos de sardinas, bares de tapas, quioscos de prensa y souvenirs, alquiler de hamacas e hidropedales, puntos de información turística y protección civil. En definitiva, todo lo que un auténtico ´dominguero´ necesita para pasar un día perfecto.