MATÍAS OCHOA
La idea de discriminación eterna de las administraciones hacia Granada no parece encontrar demasiadas razones en la A-7, donde el Gobierno central ha multiplicado hasta por cinco, según los tramos, su inversión media por kilómetro construido en todo el país. La dificultad de la orografía e imprevistos como deslizamientos de tierra han obligado al Ministerio de Fomento a aumentar el presupuesto inicial para las obras.
El departamento dirigido ahora por José Blanco destina de promedio unos 4,5 millones de euros por cada kilómetro de autopista. El tramo Taramay-La Herradura, inaugurado ayer, costó más de 20 millones por la misma longitud. Un ejemplo de la complejidad de las obras, que requirieron la construcción de tres túneles y cuatro viaductos.
Pero volvamos al principio. El primer trayecto inaugurado, en mayo de 2005, fue Castell de Ferro-Polopos. Eran apenas 3,8 kilómetros que costaron 28 millones (unos 7 millones por kilómetro) y demandaron dos años y medio de trabajo. Para sortear accidentes naturales, los operarios tuvieron que edificar dos pasos subterráneos y un viaducto. En el acto de apertura, la entonces titular de Fomento, Magdalena Álvarez, reconoció "enormes dificultades" técnicas para cumplir con el trabajo.
El segundo itinerario abierto correspondió al de La Herradura-Nerja (Málaga), con 9,5 kilómetros que precisaron de 151 millones (unos 15 millones por kilómetro). Estrenado en marzo de 2007, el trecho exigió desmontes de rocas y terraplenes de 70 y 60 metros de altura, además de cinco viaductos y tres túneles.
El siguiente, Albuñol-Adra (Almería), fue abierto en diciembre de 2007; eran 10,5 kilómetros en los que se invirtieron más de 115 millones, unos once millones por kilómetro. Aquí también se precisó desmontes de rocas y terraplenes de 60 y 105 metros de alto, además de viaductos. Su inauguración quedó deslucida por un deslizamiento de tierra, incidente que sirvió al Partido Popular para lanzar dardos contra el Ejecutivo.
Lo que falta. El Ministerio de Fomento detalla en su web que a la Autovía del Mediterráneo le quedan seis trayectos en su paso por la provincia. El trazado más avanzado es el de Polopos-Albuñol, con el 50% de sus trabajos finalizados. Esta ruta se compone de 14,9 kilómetros y cuenta con un presupuesto de 140 millones (9,3 millones por kilómetros).
En el trayecto que separa Lobres de La Gorgoracha se han concluido el 45% de las obras previstas (2,3 kilómetros; 23,7 millones), mientras que desde este último pueblo hasta Puntalón, en Motril, con los trabajos al 40% de ejecución, la inversión asciende a 51,38 millones para los 6,1 kilómetros de trayecto (8,4 millones por kilómetro). Quedan Puntalón-Carchuna (6,1 kilómetros; 48,5 millones) y de este último punto hasta Castell de Ferro (10,2 kilómetros; 69,9 millones).
El último itinerario, Taramay-Lobres, se encuentra al 5% de su ejecución, dado que se licitó el año pasado. Este tramo se extiende 7,8 kilómetros y su coste previsto se se sitúa en los 89,5 millones.
Por la existencia de tantos túneles a lo largo de la A-7, el ministerio construyó un centro de control, para el cual invirtió 12,4 millones de euros. Inaugurado días atrás, la instalación se ubica en la rotonda que da acceso a La Herradura desde la autovía.
Todas las rutas estarán finalizadas antes del fin la presente legislatura, en 2012, según el compromiso de José Blanco, ayer, en la inauguración del nuevo trazado.