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IRENE MOLERO Cuidar de los que ya no están, enterrar a los difuntos y rezar tanto por ellos como por lo vivos son algunas de las principales encomiendas que desde hace más de 50 años vienen realizando los Hermanos Fossores de la Misericordia en el cementerio San José de Guadix. Esta comunidad fue fundada por Fray José María de Jesús Crucificado para "cumplir con la séptima de las obras de la misericordia de forma espiritual y corporal", explicó Fray Hermenegildo, el superior de los Hermanos Fossores.
Esta idea de Fray José María, que hoy día cuenta con una edad muy avanzada y un estado de salud delicado, surgió precisamente cuidando el cementerio de Las Ermitas, en Córdoba. "Él recuerda que le vino una inspiración del cielo y se dio cuenta de que los camposantos estaban bastante abandonados", aclaró el superior. A partir de ahí, el fundador se puso manos a la obra para hacer de estos espacios "una prolongación de la parroquia y darle sentido de resurrección a todos los cristianos".
La suerte de que esta comunidad de frailes se instaurase en Guadix fue también "milagrosa", según señala Fray Hermenegildo. El fundador Fray José María le contó su inspiración a un sacerdote de Caniles, perteneciente a la Diócesis de Guadix, que le puso en contacto con el obispo de entonces, Rafael Álvarez Lara, quien respondió sobre el proyecto de muy buena forma diciendo "es de cáscara amarga, pero el interior es dulce".
Los comienzos. Los Hermanos Fossores de Guadix recuerdan que, en sus comienzos, se instalaron en una humilde casa junto al cementerio accitano que hasta entonces había servido como vivienda del conserje y almacén de herramientas. Hoy día, siguen viviendo junto al camposanto y son seis los miembros que trabajan todos los días del año, sin vacaciones, cuidando el cementerio hasta el último de sus rincones.
Un día en el camposanto de Guadix es una jornada llena de actividad para los Hermanos Fossores. Además de dedicarse a la tarea propia de los enterradores, los frailes dan un gran aire de esperanza y dignidad a estos actos. Entre los trabajos que realizan destaca el adecentamiento del espacio para alejar el mito lúgubre y triste de los cementerios y llenarlos de esplendor. "En el cementerio hay todo el trabajo del mundo. Éste de Guadix es muy grande y viene mucha gente durante el día y, sobre todo, los fines de semana. Hay muchas plantas, arbustos, cipreses y tenemos que estar constantemente limpiando", explicó Fray Hermenegildo, quien, además, destacó que este trabajo es "vocacional".
Con la proximidad del Día de los Santos Difuntos, las tareas de los Hermanos Fossores de la Misericordia se multiplican. Además de cuidar los jardines y limpiar el cementerio, también ayudan a la gente que pasa por allí a colocar las flores en las tumbas de sus difuntos y a realizar labores de pintura y acondicionamiento de todo el camposanto. "La gente nos agradece mucho nuestro trabajo, sobre todo, aquella que por circunstancias ha ido a otros cementerios y cuando ha venido al de Guadix ha visto la diferencia, pues aquí nosotros estamos por vocación y nuestro deseo es servir bien", señaló el superior de la comunidad.
Los Hermanos Fossores han ido arreglando poco a poco los rincones que se podían utilizar para descansar, rezar o reflexionar. Entre sus favoritos figura el dedicado al fundador Fray José María, que cuenta con una impresionante reja de forja y un mosaico con su figura. "También estamos creando nuevos rincones como el jardín de las cenizas, al que vamos a dar una exquisitez especial", adelantó Fray Hermenegildo.
El cementerio accitano no podría tener la esencia que hoy día tiene sin el trabajo continuo y silencioso de esta comunidad. Una Hermandad que forma parte de la ciudad de Guadix y que tiene a su vez otras comunidades en Jerez de la Frontera, Huelva, Vitoria, Pamplona, Logroño y Felanitx (Mallorca).
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