GERARDO PÉREZ
Aunque normalmente se defiende que la perfección no existe, la cooperativa motrileña La Palma pretende encontrar una variedad de tomate a la que se pueda atribuir este calificativo. Para ello, se ha sumado al proyecto ESP-SOL de la Fundación Genoma España, un consorcio público dedicado a secuenciar ADN.
La iniciativa tiene como objetivo identificar los genes responsables de las propiedades organolépticas de este cultivo hortofrutícola, como sabor, textura, color, aroma o compuestos nutricionales. Se podrá, de esta forma, modificar la genética, no de forma transgénica, sino natural, mediante cruces de variedades, apunta el ingeniero agrónomo David del Pino, director general de esta cooperativa costera. "Concluido el estudio, dispondremos de una referencia y una potente herramienta para desarrollar el tomate que queremos, es decir, el tomate perfecto", precisa.
¿Perfecto para quién?, es la pregunta lógica que surge y que el propio refranero popular alimenta cuando subraya que ´para gustos, colores´. Según Del Pino se trataría de una variedad ideal para grandes grupos de consumidores que ya han mostrado previamente, por medio de complejos estudios de mercado, sus preferencias en cuanto a la acidez, dulzura, textura o color del producto. "También se podrá homogeneizar el sistema de cultivo para lograr los resultados deseables", añade.
"Una vez que tengamos esa herramienta en nuestras manos, los derechos de transferencia tecnológica pertenecerán a quienes aportamos el capital. Seremos, pues, soberanos para buscar acuerdos con socios tecnológicos (como las casas de semillas) y convertir los tomates en variedad real con las características que pidamos para satisfacer la demanda de nuestros clientes", subraya el director de La Palma.
Del Pino diferencia entre las preferencias del consumidor del área mediterránea y el del norte de Europa. El primero exige sabores con una mezcla equilibrada entre ácido y dulce, además de matices que recuerden a fruta verde y crujiente en la textura. El segundo prefiere una textura fundente, aterciopelada, tipo melocotón y menos dulce. "Es una cultura gastronómica diferente y, en ese sentido, tenemos experiencias espectaculares, que a veces nos llevan al desconcierto, pero que nos orientan en las preferencias reales del consumidor, a quien estamos obligados a dar una respuesta satisfactoria. Esa es la base del proyecto que compartimos con Genoma España", recalca.