JAIME MARTÍN
Lo mejor es ir a pie, o en autobús… lo que sea con tal de no sentarse al volante y perder un buen rato en encontrar aparcamiento. Es lo que tienen las calles adyacentes a Camino de Ronda, que son afortunadas para el comercio por el enorme tránsito de ciudadanos que, sin embargo, se las ven y desean para aparcar y realizar sus compras. Es la queja de cabecera de casi todos los dueños de negocios de la calle Julio Verne. Es prácticamente el único inconveniente –dicen ellos– de una zona de Granada que rebosa juventud, que espera con ansias que proyectos como el metro, o la construcción de un nuevo edificio administrativo en el antiguo Estadio de la Juventud termine por explotar todas las posibilidades del barrio.
Julio Verne se sitúa prácticamente al final de Camino de Ronda, en el barrio conocido como San José Obrero, que reúne a su vez a las zonas conocidas como Juventud y Rosaleda. Aunque pequeño, la importancia del barrio queda fuera de toda duda al ser lugar de paso entre la Chana y Ronda. La relevancia del barrio era aún mayor hace apenas un lustro, antes de que el Estadio de la Juventud muriera en las manos de las administraciones públicas. Antes de eso, importantes celebraciones deportivas durante la década de los 80 supusieron un empujón al desarrollo de una zona de Granada con un gran potencial.
Este es el contexto en el que la calle Julio Verne vive su día a día. Rodeada de ilustres nombres como Ramón y Cajal y Pérez galgos, la calle del escritor francés surge de la calle Recoletos para, tras una pronunciada curva, fundirse con Camino de Ronda en un trayecto corto en el que los espacios verdes son los protagonistas. Un gran parque que funciona de pulmón verde tras kilómetros de largo asfalto, hace las veces de centro neurálgico para el descanso de los vecinos.
La cercanía de institutos y de varias facultades de la UGR convierten a la calle Julio Verne en coto privilegiado para los jóvenes. Pisos de estudiantes, zonas de tapas e instalaciones deportivas, son algunos de los complementos que acompañan a un barrio en el que las familias recién creadas son un porcentaje de los vecinos a tener en cuenta. Cuenta de ello da también la edad media de los comercios de la calle, que no supera los tres años. Negocios de belleza, autoescuelas y academias dan una idea del público que pretenden captar los emprendedores de la zona. Las ventas no van mal, pero podrían ir mejor, claro, sobre todo cuando la parada de metro que está proyectada muy cerca de Julio Verne sea una realidad. Las obras serán un pequeño o gran contratiempo para los residentes y comerciantes, pero la mayoría comprenden que son necesarias y las esperan con más ganas que temor.
Proyectos a medio plazo y una vitalidad en forma para esperarlos, son los pilares de una zona en expansión.