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HEMEROTECA » |
JAIME MARTÍN Tiene ese aspecto tan buscado por los turistas de típica calle del centro histórico de Granada. Callejuelas para explorar que acercan al visitante a la Catedral, comercios para todos los gustos y un pasado que invita a perderse por la ciudad descendiendo de ella, son las cartas de recomendación de la calle Zacatín, un lugar de tránsito en el que visitantes y granadinos se funden al ritmo de las compras y del trasiego diario.
Los vecinos dicen que no es mal lugar para vivir, pero si algo se extrae de una visita a la vieja calle, es que el emprendedor que consiga arrendar un local por la zona, no deberá preocuparse de pasar inadvertido. Es la calle de las compras, a un paso de todo.
Hace siglos, se la conocía como al-Saqqatin, que significaba baratilleros o ropavejeros, con lo que queda claro que la calle Zacatín ya tenía visos de ser un centro comercial abierto años atrás, mucho antes de que surgiera esta figura con la voluntad a animar las ventas.
Sin embargo, antes de que las tiendas de moda y calzado se hicieran con la mayor parte de los locales y, durante mucho tiempo, Zacatín estuvo dominada por los oficios tradicionales como el de los esparteros, los merceros o los plateros. Eso ya pasó, y de nacer la calle en la placeta de San Gil para terminar en la eterna Bib-Rambla, cambió sus primeros metros para adaptarse a la Gran Vía de Colón.
Es la suerte de una calle que conecta el río humano que supone la gran avenida de Granada –con permiso de Camino de Ronda–, con los rincones más tradicionales del casco viejo de la ciudad. Su aspecto ha sido remodelado varias veces a lo largo de los años, pero el actual parece gustar a todos. Es una mezcla entre lo nuevo y lo antiguo, respetando los callejones que van a dar a la Catedral, pero acicalando detalles como el suelo de la calle.
La iluminación merece un capítulo a parte, ya que según algunos comerciantes, las farolas "están ya feas". Desde luego, cuando la vía presenta un aspecto mucho más apagado es durante las horas nocturnas. Una vez cerrados los comercios y dada la ausencia de locales cercanos dedicados al ocio nocturno, Zacatín sólo queda como una travesía obligada para los que bajan o suben y quieren esquivar Reyes Católicos.
Pero durante la jornada laboral, Zacatín se transforma en un bazar multicolor en el que tienen cabida la ropa más atrevida para los jóvenes, el atuendo más clásico para los más mayores o una mezcla de estilos que busca contentar a todos. También hay rincones para los que se casan, o para los que buscan el amor con algo de magia. Y por supuesto, quedan los comercios destinados a satisfacer al público extranjero, que durante la mañana forma parte indispensable de la fotografía cotidiana.
Según comentan los comerciantes, la caída de ventas ha sido generalizada, pero ellos consiguen aguantar gracias a la enorme afluencia de gente que, ya sea por curiosidad o por necesidad, terminan dedicando una mirada a sus escaparates y claro, al final alguno que otro entra.
Otra cosa es que los turistas lleven cada vez menos dinero en el bolsillo. A ello se le suma otro problema, según explica el comerciante Enrique Muñoz. "Granada no se puede permitir que a la Alhambra vengan 8.000 personas, y un 10% visite la ciudad. ¿Dónde están el resto de los turistas?" Él está al tanto de la venta de entradas diarias en la Catedral, un número destacadamente menor en comparación con las visitas que recibe el monumento nazarí y que, en opinión de Muñoz, revela que la mayoría de los visitantes no bajan a la ciudad desde la colina de la Alhambra.
Ya sea con más o menos turistas, con tiendas de moda o mercerías, Zacatín sigue brillando por su vitalidad comercial y por las miles de personas que cada día la frecuentan, aunque sólo sea para pasear.
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