JAIME MARTÍN
Es una de esas calles de paso en las que no se suele reparar. A mitad de camino entre el barrio Zaidín-Vergeles, el Cervantes e incluso la zona centro, la Avenida de Pablo Picasso es frecuentada por cientos, tal vez miles de granadinos que diariamente la atraviesan ya sea a pie o en autobús. Y esa es su rara característica, ya que hace de la calle un lugar tranquilo para vivir, pero tal vez no demasiado bullicioso para el comercio, que con las plazas de aparcamiento contadas, se ve obligado a recurrir a los vecinos para mantenerse en pie.
Como tantas otras avenidas, la que lleva el nombre del pintor malagueño presenta varios aspectos dependiendo de a qué altura se encuentre el viandante. Desde que toma entidad propia a partir de la calle Profesor Albareda, la Avenida de Picasso se muestra invariablemente recta con la clara excepción de la joven rotonda que da vida al tráfico –un poco de verde y flores alrededor de una fuente sin artificios hicieron bastante bien al aspecto general de la avenida–.
En los primeros tramos predominan los bloques de viviendas más nuevos y grandes que acompañan al edificio más característico de la zona, el Colegio Público Los Escolapios. Savia joven para las amplias aceras que contrasta con la parte baja de la avenida, en la que los bloques bajos y las familias más mayores son los protagonistas. Esa es la parte más tranquila de la amplia Picasso, que aún a pesar de ser frecuentada por los autobuses del transporte público, apenas presenta complicaciones de tráfico hasta que termina en la calle Gonzalo Jiménez de Quesada.
En los poco más de seiscientos metros de vía, son muchos y muy variados los negocios que dan vida a la zona, aunque un tipo de sector, el del automóvil, parece prevalecer sobre todo en la parte más baja de la calle.
Tiendas de altavoces y radios para coches, talleres mecánicos y de reparado de lunas… y todo concentrado en unos pocos metros. Claro que también hay panaderías, oficinas bancarias, lugares en los que tomarse un café o una cerveza… Un verdadero surtido de establecimientos que intentan captar la atención de los que van y de los que vienen porque, por encima de todo, Pablo Picasso es un lugar de paso para los que van a trabajar al centro de la ciudad. Eso es lo que comentan los dueños de los comercios, que no se quejan de clientela pero sí reconocen que vendría bien un poco de atención por parte de los vecinos de los barrios cercanos.
Es el principal ´contratiempo´ de una calle que por otro lado no se puede quejar de tranquilidad más allá del normal ruido que desprende la muy frecuentada calle Poeta Manuel de Góngora, que nace precisamente de la rotonda de la avenida.
Ya sea desde los pueblos del cinturón, desde barrios como el Cervantes o el Zaidín o la propia zona Centro, la Avenida Picasso es siempre un lugar para viajeros que, sin embargo, merece ser la protagonista de un alto en el camino.