JAIME MARTÍN
La calle Mulhacén es una de las más amplias y vivas del barrio Fígares, caracterizado por ser pródigo en laberínticas callejuelas que todavía conservan el sabor de la Granada de antaño. Tranquila pese a estar poblada de comercios que se resisten a echar el cierre, la calle que lleva por nombre el pico más alto de la Península Ibérica –sólo por detrás del Teide, en Tenerife– es considerada por los vecinos una de las arterias principales de la zona. Unos vecinos, por cierto, que tras las reformas de la cercana y conocida Alhamar, han visto su barrio transformado en un lugar algo más sosegado.
El aspecto que presenta la calle Mulhacén juega con los contrastes. Su primer tramo, desde Agustina de Aragón hasta Alhamar, es un pequeño viaje al pasado. No tanto por la propia calle en sí, sino por las pequeñas vías que surgen de ella a ambos lados y que presentan el típico aspecto de barrio residencial del extrarradio. Casas con escaleras para acceder a ellas y árboles con aspecto de almacenar recuerdos durante décadas. Un panorama, en definitiva, que difícilmente se puede encontrar en otro punto de la ciudad. Todo ello hace única a esta parte del barrio, que en pocos años se ha visto animada por la apertura de algunos bares de copas en las cercanías.
Una vez dejada atrás la zona de Alhamar, que atraviesa casi por su centro a Mulhacén, el paisaje cambia. Construcciones algo más recientes comienzan a aparecer, hasta que la calle desaparece como extensión de San José Baja. Prácticamente durante todo el trayecto hay aceras amplias y árboles cuidados que, tras la reforma de toda la zona, comenzaron a compartir terreno con farolas de diseño acordes con los nuevos tiempos. Claro que los espacios peatonales amplios y la tranquilidad del tráfico tienen mucho que ver con una endémica escasez de plazas de aparcamiento a la que los comerciantes están ya acostumbrados. "La gente nos lo dice mucho", reconocen en la tienda de informática del barrio, que sin embargo no tiene complicaciones de transporte gracias a las buenas conexiones mediante autobús.
Los problemas presumiblemente llegarán cuando las obras del metro comiencen a la altura del cruce de Alhamar con Camino de Ronda, puesto que todo el barrio depende de manera clara del tráfico de la comunicación con esta calle. No son muchas más las complicaciones que los vecinos denuncian. Si acaso, se quejan de la suciedad de las calles y la molesta presencia de excrementos de perro.
Al margen de esos detalles, todos coinciden en calificar de "muy tranquila" la calle Mulhacén, en la que predominan familias ya mayores, algo que tal vez contrasta con la presencia de jóvenes gracias a la apertura de algunos bares y a la presencia de de la Escuela Superior de Comunicación.